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  • AFP

Decenas de miles de personas vestidas de verde y amarillo, los colores de la bandera de Brasil, protestaban este domingo pacíficamente en todo el país contra la presidenta Dilma Rousseff, que enfrenta un complejo panorama económico y también político debido al escándalo de corrupción en Petrobras.

Varios de los manifestantes reclaman el "impeachment" (destitución) de la presidenta, que comenzó su segundo mandato hace menos de tres meses tras ser reelecta en octubre por un margen de apenas 3%.

Y muchos piden incluso una intervención militar que ponga fin a más de 12 años de gobierno del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), una paradoja en este día en que se cumplen justamente 30 años del retorno de la democracia a Brasil luego de una larga dictadura militar que comenzó en 1964 y terminó en 1985.

La avenida frente a la famosa playa de Copacabana en Rio de Janeiro fue colmada durante varias cuadras en este domingo soleado por unas 15.000 personas -según la policía- que coreaban "¡Fuera Dilma, fuera PT!", y que como en muchas ciudades del país cantaron el himno nacional.

Rita Souza, una productora televisiva de 50 años, lleva una pancarta que dice "Intervención militar ya". "No estoy pidiendo un golpe [de Estado], sino una intervención constitucional para llamar a nuevas elecciones limpias, sin urna electrónica, sin la manipulación del PT. ¡Que se vayan todos para Cuba!", dijo a la AFP.

Varios politólogos brasileños se vieron obligados a explicar en los últimos días en la prensa local que es imposible tener una "intervención constitucional".

- Hartos de la corrupción -

Unas 25.000 personas marchaban hacia el Congreso en Brasilia, también según cálculos de la policía.

Entre ellos se encontraba el empresario de la construcción Alessandro Braga, de 37 años, acompañado de su esposa y de su hijo en un carrito. "Apoyo la salida de Dilma. Los mayores escándalos de corrupción ocurrieron durante su gobierno y no dijo nada", sostuvo.

El hartazgo de la corrupción parece ser la amalgama de muchos manifestantes que reclaman desde un golpe militar hasta la protección del Acuífero Guaraní, mientras marchan en familia y se sacan "selfies" sin parar con sus teléfonos inteligentes. Los vendedores ambulantes, en tanto, aprovechan para vender agua de coco y gafas de sol.

"Brasil está siendo destruido, sólo las fuerzas armadas pueden salvarlo", dijo la fisioterapeuta Ana Paula do Valle, de 52 años, que colgó de su bicicleta un cartel pidiendo la intervención militar.

La popularidad de Rousseff cayó 19 puntos en febrero, a 23%, y la presidenta enfrenta una situación complicada en varios frentes.

La economía ha crecido muy poco en los últimos cuatro años y está estancada, hay déficit de cuentas públicas, de balanza comercial e inflación elevada (7,7% en 12 meses), y el real se ha devaluado casi 30% en un año. El gobierno impulsa un ajuste fiscal para poner la casa en orden, pero esto disgusta a su vez a parte de la izquierda.

A esto se suma la tensión política e incertidumbre por el inmenso esquema de corrupción develado en la estatal Petrobras, el mayor en la historia de Brasil. Decenas de políticos -incluidos 22 diputados, 13 senadores y dos gobernadores en funciones- son investigados por su supuesto involucramiento en la trama. La mayoría pertenece al PT o a partidos que integran la coalición de gobierno.

Rousseff defendió el derecho de manifestarse libremente en un video colgado el sábado en su página Facebook, pero hace un par de días recordó que no es posible tener "un tercer turno" de las elecciones en Brasil, ya que equivaldría a una "ruptura democrática".

- "El poder está sordo" -

"El poder está sordo; la justicia está ciega. Rabia, sedición y vergüenza, por eso estoy aquí", se leía en el cartel de un manifestante que vestía la camiseta de la selección brasileña de fútbol y llevaba una nariz de payaso en Belo Horizonte (sureste), donde la marcha reunió a más de 20.000 personas, de acuerdo con la policía.

En Sao Paulo, donde los anti-Rousseff esperan reunir una enorme multitud, la protesta comenzará en la tarde.

Otras marchas tuvieron lugar el viernes para apoyar a Rousseff y defender a Petrobras, organizadas por sindicatos y movimientos sociales afines al PT, que reunieron a 175,000 personas según organizadores y 33,000 según la policía.

Las protestas de este domingo evocan las históricas manifestaciones de junio de 2013, cuando más de un millón de personas salieron a las calles en rechazo a un aumento de la tarifa del transporte y luego contra la corrupción de los políticos y los gastos públicos para el Mundial de fútbol.