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Bélgica continuaba el sábado las consultas para encontrar una solución a la dimisión del gobierno acusado de presionar a la justicia en el caso Fortis, y todo apunta a que se optará por formar un gobierno de transición hasta las elecciones legislativas anticipadas en junio.

El gobierno belga presentó su dimisión el viernes tras haber sido acusado de presionar a la justicia para que autorizara el plan gubernamental para salvar de la quiebra al banco Fortis, un escándalo que vuelve a hundir al país en una grave crisis política.

El Rey de los belgas, Alberto II, sobre quien recae la decisión final, se entrevistó el viernes por la noche con los presidentes de los partidos políticos mayoritarios, que reúnen a liberales y cristiano demócratas flamencos y a los liberales, socialistas y centristas francófonos.

Tras estas consultas, que se retomaron el sábado a media jornada, podrá aceptar o rechazar la dimisión del gabinete del primer ministro Yves Leterme. Sin embargo, parece poco probable que lo mantenga en el poder, ya que al estar implicado el primer ministro, el caso Fortis ya es casi un asunto de Estado.

“En este momento es muy difícil que siga en sus funciones”, ya que “es precisamente el responsable político (...) el que está en el punto de mira”, estimaba el sábado por la mañana el politólogo Jean Faniel.

Los grandes periódicos belgas en general no tuvieron piedad con Leterme. “El próximo, ¡y rápido!”, titulaba el sábado el diario francófono Le Soir.

Leterme, de 48 años, quien lleva en el poder solamente desde marzo, ya había presentado su dimisión el pasado mes de julio al no haber conseguido formar gobierno por las crecientes demandas de autonomía de la comunidad flamenca del país. Pero el Rey le mantuvo en su puesto.

Desde ese momento, los responsables políticos estaban de acuerdo en que era necesario encontrar una solución lo antes posible, para evitar el vacío político en el contexto de la crisis económica por la que atraviesa Bélgica, al igual que el resto de Europa.

La decisión del Rey “no puede hacerse esperar bajo ningún concepto”, “como muy tarde un fin de semana”, consideraba el periódico flamenco Het Laatste Nieuws en su editorial.

Los principales partidos políticos rechazaban la idea de elecciones anticipadas inmediatas, así que la opción considerada más probable por los politólogos belgas es el nombramiento de un gobierno de transición.

Para Le Soir, “la verdadera catástrofe sería convocar a elecciones y no ejercer el poder, dadas las vitales cuestiones que están sobre la mesa”.

Según este guión, lo primero que debe hacer el Rey es designar un nuevo primer ministro. Entre los nombres que barajan la prensa belga, se encuentra la presidenta del partido cristiano-demócrata flamenco de Leterme, Marianne Thyssen, el presidente de la cámara de los diputados Herman Van Rompuy, también miembro del partido cristiano-demócrata flamenco, y el liberal francófono Didier Reynders. O incluso los ex primeros ministros flamencos Jean-Luc Dehaene y Guy Verhofstad.

Este equipo deberá estar operativo hasta las elecciones regionales de 2009, a las que se podrían sumar los comicios legislativos anticipados.

La dimisión del gobierno prolonga las turbulencias políticas en un país que creía haberse librado de ellas hasta por lo menos el próximo mes de junio.

Desde el verano de 2007, el reino ha atravesado una crisis prácticamente ininterrumpida por las disputas entre los flamencos y los francófonos sobre el futuro del país, y no ha tenido un gobierno estable durante el período récord de nueve meses.