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El impacto provocado por la detención el 11 de diciembre en Nueva York de Bernard Madoff, legendario corredor de bolsa de Wall Street, acusado de un fraude “piramidal” de 50 mil millones de dólares, se propaga por todo el mundo y aún puede deparar más sorpresas.

Confinado en su lujoso apartamento neoyorquino y con un brazalete electrónico, Bernard Madoff, de 70 años, es por ahora el único acusado en el caso, aunque numerosos analistas estiman que no pudo haber actuado solo durante décadas y que pronto se conocerán sus cómplices.

Desde que fue detenido, la lista de sus víctimas no deja de engordar. Grandes bancos europeos estafados en más de 10 mil millones de dólares, fortunas menguantes, organizaciones de caridad judías arruinadas e incluso pequeños ahorristas asustados: no pasa un día sin que una nueva revelación proveniente de Madrid, París, Ginebra, Miami, Tokio o Londres enriquezca una historia digna de una novela policial.

Las investigaciones que emprendió la SEC, el organismo de control bursátil de Estados Unidos, para entender por qué fracasaron las alertas habituales sobre las operaciones sospechosas de la compañía de inversiones de Bernard Madoff, permitirán revelar una parte del misterio.

Además de varios expertos y periodistas que han escrito sobre el tema en revistas especializadas desde hace varios años, Harry Markopolos, sospechaba de la existencia de un “esquema Ponzi” -un mecanismo por el que el dinero de los nuevos inversores se utilizaba para pagar a los más viejos-. Markopolos alertó a la SEC, que en 2006 inició una investigación y luego abandonó porque las irregularidades no le parecieron “suficientemente serias”.

Los investigadores analizan a un ex empleado de la SEC, Eric Swanson, encargado de las inspecciones y que abandonó el organismo en 2006, año en el que conoció a una sobrina de Madoff, con la que se casó en 2007.

Las autoridades bursátiles “se durmieron al volante”, se quejó el presidente electo, Barack Obama, quien prometió una rápida reforma de los sistemas de control financiero, criticados por todo el mundo.

El FBI lanzó el jueves un llamado: “Si usted piensa que ha sido víctima de una fraude financiero en el caso Bernard L. Madoff, póngase en contacto con nosotros, por favor”.

Bernard Madoff, ex presidente del consejo de administración del Nasdaq, asiduo frecuentador de clubes de Golf de Palm Beach, en Florida, y miembro de la elite estadounidense, ya no tiene amigos: sólo ha encontrado a dos garantes -uno es su mujer- de los cuatro que le exigía el tribunal.

Acosado por las cámaras, apareció el miércoles brevemente frente a su casa cuando regresaba del tribunal, pero no abrió la boca. Desde el viernes está encerrado en su casa, de donde no puede salir. A pedido del gobierno, la justicia le impuso la prisión domiciliaria las 24 horas del día.

La Liga Anti-Difamación (ADL) denunció el viernes las injurias antisemitas que invadieron los sitios de internet, debido a que Madoff es judío.

“Los judíos siguen siendo los chivos expiatorios prácticos en períodos de crisis, pero el escándalo Madoff y el hecho de que tantos inversores víctimas de sus maniobras sean judíos, generaron la situación soñada por los antisemitas”, sostiene en un informe Abraham Foxman, presidente de la Liga.

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