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  • AFP

Los tres mineros del grupo de los “33 de Atacama” que permanecían inubicados tras las inundaciones que azotaron al norte de Chile están a salvo pero “perdieron todo”, confirmó a la AFP el líder del grupo, Luís Urzúa.

“Lo más importante es que los mineros que más nos preocupaban están bien”, dijo ayer a la AFP Urzúa, líder del grupo de 33 mineros, famosos por haber quedado atrapados por 69 días a más de 600 metros de profundidad en el fondo de la mina San José, de Copiapó (800 km al norte de Santiago), en agosto de 2010.

El mismo Urzúa encendió las luces de alerta el domingo pasado cuando informó que tras las inundaciones del miércoles y jueves de la semana pasada no se tenían noticias de Ariel Ticona, Esteban Rojas y Víctor Segovia, quienes vivían en localidades interiores arrasadas por las crecidas de los ríos.

Este lunes Urzúa, que actúa como líder del grupo, confirmó que logró comunicarse con Esteban Rojas y que habló con la esposa de Ariel Ticona, mientras que otro minero le confirmó que Víctor Segovia estaba bien.

Pero todos fueron damnificados por las inusuales lluvias que afectaron a unas de las zonas más áridas de Chile.

“Físicamente están bien, pero en la parte material es complicado, lo perdieron todo. La región va a demorar mucho en recuperarse, es como si hubiera pasado un tsunami”, señaló Urzúa.

El temporal afectó también a otro de los miembros del grupo de los 33, Víctor Zamora, cuya casa fue arrasada en el pequeño poblado minero de Tierra Amarilla, a unos 15 km de Copiapó.

“Esta es otra tragedia; lo perdimos todo”, dijo Zamora el viernes reciente a la AFP.

Según la BBC, las lluvias, que han afectado principalmente a las regiones norteñas de Antofagasta, Atacama y Coquimbo, han causado las peores inundaciones ocurridas en el norte de Chile en 80 años.

Los expertos citados por la cadena británica de noticias aseguran que las lluvias no se registraban con tanta intensidad en la zona desde 1997.

La precipitación devolvió sus cauces perdidos a los tres principales ríos de la región: Salado, Copiapó y Huasco.
Sin embargo, la alegría inicial de la comunidad ante el regreso de la lluvia a una zona tradicionalmente desértica, se tornó preocupación y alarma cuando los torrentes empezaron a inundar calles, casas y edificios.

Ahora las comunidades están enfocadas en labores de limpieza e intentando regresar a la normalidad.