Jorge Eduardo Arellano
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COVINA, CALIFORNIA /AP

Un hombre disfrazado de Santa Claus, que sufría problemas matrimoniales, abrió fuego en una fiesta de Nochebuena en una casa que luego se incendió, con un saldo de más de tres muertos, dijeron las autoridades ayer jueves.

Horas después, el jueves por la madrugada, la Policía halló el cuerpo de Bruce Jeffrey Pardo, de 45 años, en la casa de su hermano, en el suburbio Sylmar, de Los Ángeles. La Policía dijo que se suicidó, pero no reveló cómo lo hizo.

“Sufría algún tipo de problemas matrimoniales, y creemos que esta casa es la residencia de un pariente”, dijo el teniente de Policía Pat Buchanan.

La Policía dijo al principio que los disparos y el posterior incendio el miércoles por la noche dejaron tres muertos. Ed Winter, de la oficina forense del Condado de Los Ángeles, dijo el jueves que los investigadores, al remover las cenizas, hallaron más cadáveres, pero no dijo cuántos.

Los cuerpos estaban demasiado dañados para poder determinar de inmediato si murieron en el tiroteo o en el incendio, dijo Winter. “Tenemos varios cadáveres adentro. Están sumamente chamuscados y quemados”.

El hombre llegó a la fiesta en Covina, el miércoles por la noche, e inmediatamente abrió fuego con una pistola. Testigos dijeron a la Policía que el hombre se quitó el disfraz de Papá Noel y salió de la casa en llamas vestido con ropa convencional.

Winter indicó que la revisión de la vivienda tomaría el resto del día.

Jan Gregory, una vecina, señaló que había unas 25 personas en la fiesta y varias salieron corriendo de la casa. Un adolescente salió gritando: “Dispararon a mi familia”, añadió.

Buchanan dijo que otras personas resultaron heridas. Una mujer de unos 20 años y una niña de ocho sufrieron heridas de bala, pero sus vidas no corrían peligro. Otra persona se fracturó un tobillo.

La Policía recibió llamados de emergencia alrededor de las 23.30 del miércoles, y los disparos continuaban cuando llegaron, dijo Buchanan.

Al principio, impidieron el ingreso de los bomberos porque aún sonaban disparos, aunque podrían ser municiones que explotaban en las llamas, dijo el capitán Mike Brown.

La casa de dos plantas se encontraba al final de un callejón sin salida en Covina, un suburbio 40 kilómetros (25 millas) al este de Los Ángeles.