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  • EFE y AFP

La “voz de los sin voz”, monseñor Óscar Arnulfo Romero llegará a los altares el 23 de mayo tras un largo proceso promovido desde 1990, diez años después de su asesinato en plena misa en su natal El Salvador.

El “martirio” de Romero fue reconocido en febrero pasado por el papa Francisco en un decreto que estableció que el arzobispo de San Salvador fue asesinado por “odio a la fe”, por lo que será beatificado en un acto al que se espera la asistencia de unas 285,000 personas.

“San Romero de América”, como le llaman los salvadoreños, fue asesinado el 24 de marzo de 1980 por un comando de ultraderecha mientras oficiaba misa en la capilla del hospital de cáncer Divina Providencia de San Salvador.

QUERIDO COMO SANTO
A Romero, símbolo de una Iglesia cercana a los pobres, los salvadoreños ya lo arropan como un santo a quien rezan por un país más justo y lo recuerdan en murales, estatuas y hasta llaveros.

Su proclamación como beato será una multitudinaria ceremonia en la plaza Salvador del Mundo de la capital salvadoreña.

El 23 de marzo de 1980, monseñor Romero en una homilía hizo un vehemente llamado a los soldados a desobedecer órdenes de disparar contra el pueblo: “Les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios, cese la represión”.

Un día después del emotivo llamamiento, un francotirador de la extrema derecha le disparo en el pecho cuando oficiaba la misa en el norte de la capital.

El 30 de marzo, la multitud que acudió a su funeral fue dispersada a balazos por soldados que dejaron numerosos muertos.
El magnicidio de Romero fue el detonante de una guerra civil que duró doce años (1980-1992) y dejó 75,000 muertos.

ADMIRADO
Muchos salvadoreños lo recuerdan como un hombre sencillo. Otros que quizás no lo conocieron vivo visitan a diario su cripta, en el sótano de la Catedral, donde fieles se arrodillan, depositan flores, prenden velas y le rezan para pedir mejores tiempos en el país.

La imagen de Romero se multiplica en estatuas, murales, camisas, llaveros, y tazas que se venden en las calles.

Ante su tumba han desfilado personalidades como el fallecido papa Juan Pablo II en 1983. Años después, en 2011, lo visitó Barack Obama.

Una Comisión de la Verdad, creada por la ONU, culpó al fallecido mayor del ejército Roberto d’Aubuisson, fundador de la entonces gobernante Alianza Republicana Nacionalista, de derecha, de ser el responsable de “organizar y supervisar” el asesinato.

Numerosa asistencia

DELEGACIONES • Los presidentes de Ecuador, Rafael Correa, y de Panamá, Juan Carlos Varela, figuran entre quienes asistirán al acto de beatificación.

Además, se espera la presencia de doce delegaciones, entre ellas la de México, Brasil, Colombia, Chile, Estados Unidos, Italia, Nicaragua y Uruguay.

El acto contará con un operativo de seguridad de 3,700 agentes entre policías y militares, e incluye “tres anillos periféricos” en un espacio de 57 calles, comprendidas entre la Terminal de Oriente (centro) hasta el redondel Masferrer (centro). Sin embargo, el Plan de Prevención que involucrará a cerca de 45,000 personas.

 

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