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En 2014, las constructoras brasileñas tuvieron un buen año. Fue necesario preparar estadios en una docena de ciudades para la Copa Mundial de fútbol en junio, se tuvieron que acicalar aeropuertos para recibir a los visitantes extranjeros y se construyeron carreteras para llevarlos a las sedes. En Río de Janeiro, empezaron en serio los preparativos para los Juegos Olímpicos que albergará en 2016. La Presidenta Dilma Rousseff estaba buscando la reelección, e impulsó el gasto en infraestructura del gobierno federal antes de la votación estrechamente disputada de octubre. Los ingresos de las compañías constructoras ya se habían elevado en 11 por ciento al año, en términos reales, durante los últimos 10 años.

Sin embargo, en septiembre, una investigación policial encontró que parte de este crecimiento fue gracias a los contratos inflados que al menos seis de las empresas constructoras más grandes de Brasil, con ingresos nacionales combinados de 8,800 millones de dólares en 2013, habían estado firmando por años con Petrobras, el gigante petrolero controlado por el Estado, a cambio de sobornos hechos a políticos. Alrededor de 30 ejecutivos de la construcción están ahora a la espera de juicio bajo cargos de corrupción o lavado de dinero, incluido el jefe de UTC Engenharia, la séptima constructora más grande de Brasil.

Sin crédito

El crédito para la industria se ha evaporado. Varias compañías, incluidas OAS y Galvão Engenharia, respectivamente la tercera y la sexta constructoras más grandes, incumplieron el pago de parte de su deuda y han buscado la protección de quiebras.

La incertidumbre que rodeó a la redada policial está afectando a toda la industria. La suposición, correcta o no, es que todos están implicados, dijo un banquero importante. Los jefes de las compañías no corruptas se quejan de que todos están siendo medidos con el mismo rasero. Marco Rabello –director financiero de Norberto Odebrecht, el líder de la industria en Brasil, que no ha sufrido ninguna acusación –admite que la “imagen” es actualmente el mayor problema de la industria.

Para empeorar las cosas, Rousseff, tras ganar por poco margen la elección, ahora tiene que hacer drásticos recortes para reducir un déficit presupuestario cada vez mayor. Su principal “Programa de Aceleración del Crecimiento” de mejoras en infraestructura ha sido recortado. Las compañías brasileñas de todo tipo están preparándose para la recesión, y la inversión en edificios nuevos es lo último en la mente de los directivos. El libro de pedidos nacionales de Odebrecht será delgado este año, admite Rabello.

Diversificando

Sin embargo, no todo es pesimismo. Por un lado, muchas grandes empresas de la construcción han estado reduciendo su dependencia de los contratos gubernamentales y, en realidad, del propio Brasil. Solo 6 por ciento de los ingresos de Odebrecht proviene ahora del sector público brasileño, mientras que casi tres cuartas partes se generan en el extranjero. Es parte de un consorcio que, a principios de este mes, obtuvo un contrato de 1,900 millones de dólares para construir la segunda línea de metro de la Ciudad de Panamá. La diversificación geográfica, junto con una deuda baja y efectivo neto de 500 millones de dólares, ayuda a explicar por qué Standard & Poor’s ha mantenido la calificación crediticia de Odebrecht un nivel arriba de la del gobierno brasileño.

Internamente, el panorama también es prometedor. Las compañías que sorteen la tormenta de Petrobras estarán bien posicionadas para quedarse con la participación de mercado de sus rivales en problemas. En particular, dijo Frederico Estrella de Tendências, una firma consultora, las compañías medianas y bien administradas podrían aprovechar la oportunidad de unirse a las grandes ligas. Esta semana se dio a conocer que CR Almeida, una empresa constructora de segundo nivel, está apostando a proyectos aeroportuarios, incluidos algunos aún en construcción, propiedad de UTC Engenharia y OAS.

Expectativa

Hasta ahora, los gigantes de la construcción extranjeros no se están apresurando a llenar el vacío dejado por las constructoras nacionales que están colapsando. Primero quieren ver cómo resulta la indagatoria de Petrobras, dijo el jefe local de una de esas empresas. Algunas, como OHL de España, han abandonado Brasil en los últimos años, exasperadas por su sistema fiscal impenetrable, su burocracia sofocante y sus onerosos requerimientos de contenido local. Después de que su nombre fue mencionado en reportes de la investigación policial, Skanska de Suecia aceleró sus planes para abandonar el mercado brasileño, aunque niega malas acciones.

Aparece el dinero chino

Condiciones • Otras firmas extranjeras también han estado retrocediendo. Bechtel, un gigante estadounidense, tenía una media docena de grandes proyectos en marcha en cualquier momento en Brasil. Ahora los ha reducido a uno solo, una extensión del metro de Río.

Brasil aún necesita muchas carreteras, ferrocarriles y otras obras públicas. El Foro Económico Mundial le clasifica en el sitio 107 de entre 144 países por la calidad de su infraestructura. Aunque el gobierno y sus agencias, como el BNDES, el banco nacional de desarrollo, han reducido su gasto, bancos de inversión y firmas de capital privado están estableciendo fondos para respaldar obras públicas.

También está en camino dinero chino. En una visita a Brasil esta semana, el Primer Ministro de China, Li Keqiang, firmó acuerdos comerciales con valor de 53,000 millones de dólares, que incluyen varios vinculados a la infraestructura. Aparte de eso, ICBC, un banco estatal chino, prometió canalizar 50,000 millones de dólares a carreteras, ferrocarriles, redes eléctricas y otras obras públicas brasileñas. Los prestamistas chinos están ansiosos de invertir en ello, aun cuando las ambiciosas empresas de construcción de China, como otras constructoras extranjeras, han salido raspadas en el pasado tratando de penetrar en el altamente regulado mercado de Brasil.

Aquellas empresas brasileñas que sobrevivan a la sacudida actual pueden esperar una recuperación en los pedidos, con poca competencia extranjera de la cual preocuparse.