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La expulsión del embajador israelí de Venezuela ilustra el rechazo casi unánime que genera en América Latina la ofensiva en Gaza, hostilidad alimentada por una tradicional desconfianza hacia Estados Unidos, gran aliado de Israel.

Líder de la izquierda radical en la región, el presidente venezolano Hugo Chávez tomó posición en el conflicto de Gaza ordenando ayer la partida inmediata del diplomático israelí, luego de haber calificado al gobierno de Israel de "asesino" y "genocida". "El presidente de Israel debería ser juzgado ante la Corte penal internacional, junto al presidente de Estado Unidos", estimó Chávez, que ve en Tsahal "el brazo armado del imperio yankee" en Medio Oriente.

"Esa reacción en América Latina viene de un sentimiento antinorteamericano muy fuerte que se transladó a Medio Oriente", explicó el politólogo argentino Pablo Kornblum. La región "no tiene nada en contra de Israel en sí mismo pero sabe que es apadrinado por Estados Unidos", lo que le "recuerda el apoyo de Washington a las dictaduras latinoamericanas" en los años 70, opinó.

Venezuela, rico estado petrolero que reforzó sus vínculos con Irán luego de la llegada al poder de Chávez, propuso también "establecer un puente aéreo humanitario con la comunidad árabe y musulmana y de otros países latinoamericanos" para facilitar medicamentos y víveres en la Franja de Gaza.

El presidente boliviano Evo Morales reclamó la semana pasada la suspensión de una "intervención tan salvaje", acusando a la Casa Blanca de apoyar una "invasión criminal para con los palestinos" "El gobierno de Estados Unidos no puede seguir usando a un país como Israel para invadir países que están en proceso de liberación", agregó Morales.

En Ecuador, la comisión legislativa, encargada de llevar a cabo la reforma constitucional del presidente socialista Rafael Correa, denunció "el terrorismo de Estado y el crimen contra la humanidad" imputables, según ella, a Israel.

México, que ocupará un asiento de miembro no permanente durante la próxima reunión del Consejo de Seguridad de ONU, condenó una "utilización excesiva de la fuerza" por parte de los israelíes, así como a los cohetes palestinos. Incluso Colombia, aliada de Estados Unidos e Irael, que lo apoyaron militarmente en su lucha contra las guerrillas de izquierda,  pidió que cese "todo tipo de agresión militar".

La condena a los ataques israelíes se manifestó también en las calles de Brasil, Argentina e incluso Bolivia, donde las comunidades de origen árabe recibieron el apoyo de los movimientos sociales.

"Los pueblos del mundo le decimos a la derecha que gobierna a Israel que pare con el genocidio", vociferó Luis D'Elia, un dirigente de los "piqueteros" argentinos, un movimiento de desocupados radicalizados que nació durante la gran crisis económica de 2002.

Unas 700.000 personas de origen arábe viven en Argentina, el segundo país de acogida luego de Brasil, según la Organización islámica para América Latina (OIAL). Argentina posee también la primera comunidad judía de la región, con unas 300.000 personas. Dicha comunidad hizo a su vez una manifestación de apoyo a Israel.

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