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La pausa de tres horas en los bombardeos sobre la ciudad de Gaza fue poco para sus habitantes, que aprovecharon este espejismo de normalidad para abalanzarse sobre las tiendas, llenar sus bidones de agua o intentar poner a resguardo a sus seres queridos. "Tres horas no bastaron. No tenemos agua, ni electricidad, ni comida", confesó Mohammad Azzam, de 45 años, en Gaza, paralizada desde el inicio de la ofensiva israelí el 27 de diciembre.

Azzam vive con su mujer y sus seis hijos en el barrio de Zeitun, en el este de la ciudad de Gaza, donde se libraron los combates más cruentos entre los activistas de Hamas y los tanques del ejército israelí durante los últimos días. "Tengo miedo de que esta pausa vaya seguida de una ofensiva aún más vasta y de la invasión de todo el barrio", añadía.

Algunos habitantes ni siquiera se habían enterado del cese de los bombardeos. "¿De veras? Ahora mismo salgo en busca de una tienda abierta para comprar algunos botes de conserva", contestó Wael Haj Ahmad, de 34 años, quien permanecía encerrado con su familia en la planta baja de un edificio de cinco pisos.

Hombres y mujeres de todas las edades llenaban en una fuente pública sus bidones que transportaban en carretas tiradas por asnos o caballos. Otros llegaban a pie a Zeitun para inspeccionar las casas de donde habían huido para alejarse de los combates. Otros habitantes se desplazaban en sentido contrario para alojarse en casa de parientes que residen en zonas más seguras de la ciudad de Gaza.

Hamas anunció su intención de suspender el disparo de cohetes sobre Israel durante la pausa. El ejército israelí informó a los vecinos de que podían salir sin miedo a través de mensajes que enviaba a sus teléfonos móviles.

Panaderías abren sus puertas
En el oeste de la ciudad de Gaza los comercios y las panaderías abrían sus puertas con más fortuna que los situados en el este de la ciudad, al alcance de los cañones de los tanques israelíes. "Pese a la penuria he abierto mi supermercado para vender los pocos productos básicos que me quedan, pero no tardaré en cerrar ya que los ataques se reanudarán", dijo Zaher, rodeado de una decena de clientes.

En el barrio de Tal Al Hawa, cerca de la antigua colonia judía de Netzarim, donde se desplegaron decenas de blindados israelíes, un grupo de jóvenes se dirigía a marchas forzadas hacia el vendedor ambulante de la esquina. "No se encuentra gran cosa aquí porque la fruta y las verduras vienen del norte y del sur" de la franja de Gaza, desconectados de la ciudad de Gaza, comentó uno de los clientes.

Las colas más largas se formaban frente a las panaderías, donde los lotes de pan de Pita, limitados a uno por cliente, se esfumaban. "No me queda ni un mendrugo de pan para alimentar a mis nietos", se quejaba Mohammad Al Najar, de 70 años.

Según una empleada de una ONG francesa en Gaza "nada más anunciarse la tregua de tres horas la gente aprovechó la calma para bajar a la calle a comprar comida. Pero los comercios están vacíos". "También acude mucha gente a los hospitales para visitar a los heridos y buscar a familiares", comentó esta francesa que vive cerca de Al Chifa, principal hospital de la franja de Gaza. Al cabo de tres horas las calles se iban vaciando gradualmente. Gaza volvía a convertirse en una ciudad fantasmal, acechada por la muerte. Luego, en Zeitún, un bombardeo israelí se cobraba otras dos vidas.