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La débil reacción de los países árabes a la ofensiva militar israelí en la franja de Gaza se debe a las rivalidades regionales, al temor de reforzar a los islamistas como Hamas y a su escaso peso diplomático, estiman algunos analistas.

Mientras la población árabe ha dado rienda suelta a su furia tras el asalto israelí contra el movimiento palestino Hamas, que controla la franja de Gaza, las reacciones de sus gobernantes se han visto amortiguadas por el miedo a alentar el fundamentalismo a nivel interior y por los pocos instrumentos de que disponen para presionar a Israel.

La operación israelí, convertida el sábado en una invasión por tierra, se ha cobrado cerca de 700 vidas desde su inicio, el 27 de diciembre.

La respuesta de los políticos ha decepcionado al ciudadano común, dejando un vacío que podría ser peligroso si los soldados israelíes y sus tanques permanecen mucho tiempo en la franja de Gaza.

“La respuesta árabe es muy débil. Parecen estar paralizados”, afirmó a la AFP Jalid al Dajil, un analista saudí.

Esta reacción no está a la altura “de las expectativas de los árabes”, señala el investigador saudí Tawfiq al Sais.

Esto, probablemente, refleje la realidad de una situación en la que poco pueden hacer, explica.

Los gobiernos árabes de Oriente Medio reprocharon a Israel la intensidad de su campaña; el emir de Qatar llegó a acusarlo de cometer “un crimen de guerra”.

Pero este diminuto emirato, donde Israel dispone desde 1996 de su única oficina comercial en el Golfo, no ha dado muestras de querer cortar por lo sano su contacto.


Esperanzados en la ONU
Los países árabes se han volcado en busca de una resolución de alto el fuego en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

“El Consejo tiene la responsabilidad de acabar con los conflictos lo antes posible, y el conflicto actual en la franja de Gaza no debería ser una excepción”, aseguró el martes el canciller saudí Saud Al Faisal.

Qatar abogó por una cumbre de líderes árabes, con la que los saudíes no parecen conformes si se limita a simples “comunicados”.

“¿Qué más podemos hacer? ¿Hay alguien dispuesto a luchar contra Israel?”, se pregunta Mohammed al Zulfa, historiador saudí y miembro de una asamblea consultiva cuyos miembros son designados por el rey Abdulá.

Unos sugieren que Egipto y Jordania, los únicos vecinos que mantienen relaciones con Israel, llamen a consultas a sus embajadores, siguiendo los pasos de Mauritania y Venezuela. Pero Zulfa y muchos otros dudan de que fuese eficaz.

El jefe de la organización islamista Hezbolá en Líbano, Hasan Nasrala, llamó el miércoles “a seguir el ejemplo del presidente venezolano Hugo Chávez”, que ordenó la expulsión del embajador de Israel en Caracas en solidaridad con el pueblo palestino. Una iniciativa aplaudida por Hamas.

Bajo la crisis actual subyace el descontento con la gestión de Hamas. Los gobiernos árabes, excepto Siria, han apoyado al moderado presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, cuyo partido Fatah fue expulsado de la franja de Gaza en junio de 2007 por el Hamas (acrónimo en árabe del Movimiento de Resistencia Islámica).

Desde el inicio de la ofensiva muchos gobierno árabes, además de maldecir a Israel, echan la culpa de lo sucedido a “la falta de unidad” de los palestinos.

Egipto y Arabia Saudí, en privado, culpan a Siria y a Irán de apoyar al Hamas para sus propios fines políticos, y temen que Damasco y Teherán saquen partido de una eventual ayuda al grupo radical palestino.

Por otra parte, los analistas estiman que una ayuda al Hamas puede reforzar a los grupos radicales vinculados al movimiento palestino.

Por eso, los Estados del Golfo han decidido restringir las protestas a favor de los palestinos. El problema, según los analistas, es que si la ofensiva de Israel prosigue aumentará el malestar, acentuado por la difusión de imágenes de víctimas palestinas por televisión.