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A menos de una semana de entregar el poder, el presidente estadounidense George W. Bush se despidió de América Latina de la misma forma que actuó a lo largo de ocho años: repartiendo elogios y premios a los amigos y advertencias a los enemigos como Cuba.

Una Medalla de la Libertad para el colombiano Álvaro Uribe, una calurosa despedida para el mexicano Felipe Calderón y un mensaje al pueblo cubano marcaron la que fue probablemente la última jornada de actos públicos de Bush en la Casa Blanca.

Uribe fue presentado como un “defensor de la libertad”, un aliado fiel en la lucha contra el terrorismo, y Calderón, que lo visitó tras reunirse con el presidente electo Barack Obama, como “un hombre valiente” en su combate contra el crimen organizado.

A Cuba, Bush le aseguró que “un día disfrutará” de la libertad, que sus ofertas de ayuda fueron respondidas con “represión” por parte del régimen castrista y que siempre tuvo a su pueblo “cerca del corazón”.

Sin embargo, los analistas en Estados Unidos y en la región coinciden en calificar la presidencia de Bush como una de las más aisladas, respecto de América Latina, en las últimas décadas.

Mientras Bush centraba su atención en Afganistán e Irak, y en prevenir cualquier atentado en suelo estadounidense, la región emprendía un importante viraje a la izquierda, que curiosamente ha acabado por llegar, aunque con matices, a la propia Casa Blanca, con la elección del demócrata Barack Obama.

Obama debe repensar relaciones
Para los defensores de Bush, el presidente “va a ser recordado fundamentalmente por dos temas: uno, los tratados de libre comercio, y otro la guerra contra el narcotráfico”, explicó a la AFP Jaime Daremblum, analista del Instituto Hudson. “Una valiosa ventana de oportunidad se abrirá dentro de poco para el gobierno estadounidense para repensar sus relaciones y políticas con los países latinoamericanos”, señalaron en un reciente informe renombrados expertos, en el que se contaban ex presidentes moderados de la región como el mexicano Ernesto Zedillo o el chileno Ricardo Lagos.

Pero, básicamente, su imagen ante la región quedará marcada por todo lo que no supo o pudo hacer. A pesar de 1,000 millones de dólares gastados en programas sociales, a través del programa Reto del Milenio, y de los 636 millones de dólares en la lucha contra el SIDA en la región, un programa que por otro lado es elogiado de manera unánime en África.

“Hubo descuido con América Latina, se dejó en funcionarios de segunda la interacción”, considera Daremblum, que sólo vio cierta mejora en el segundo mandato de Bush, a partir de 2004.

México fue facturado
Un país como México, que ahora es aplaudido públicamente en la Casa Blanca, pagó la factura de ese brutal endurecimiento de la diplomacia estadounidense tras el 11 de septiembre de 2001. El entonces presidente Vicente Fox rehusó cooperar en el Consejo de Seguridad de la ONU con Bush, y eso le valió perder su estima inicial durante años.

Otros, como el presidente salvadoreño Antonio Saca, se alineó desde el primer momento, enviando tropas a Irak.

El programa especial de residencia y trabajo para los salvadoreños ha sido renovado en varias ocasiones.

Con Brasil, paradójicamente, la relación mejoró a lo largo de la presidencia del presidente de izquierdas Luiz Inácio Lula da Silva.

Se creó un mecanismo de diálogo permanente, que ya lleva celebradas tres sesiones. Pero Bush no escondió que su principal interés era el programa de etanol brasileño, en tiempos de crisis energética.

Finalmente, la política de Estados Unidos hacia América Latina en los últimos ocho años estuvo marcada por el nuevo orden surgido del 11 de septiembre, no dudó en reconocer la secretaria de Estado Condoleezza Rice, en una entrevista con la AFP.

“Hemos dejado atrás ese período de la Guerra Fría, en el que Estados Unidos veía a América Latina bajo el prisma de una lucha mundial con la Unión Soviética”, aseguró Rice.

Sin embargo, este nuevo período “ha liberado la política estadounidense para (permitirle) tener buenos amigos en la izquierda y en la derecha”, sin casarse con nadie, añadió.