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Lo denominaron “milagro en el Hudson”, y Chesley Sullenberger III se convirtió ayer viernes en el santo patrón de los pasajeros por haber logrado que su averiado jet aterrizara sin heridos en las heladas aguas de Nueva York.

Las 155 personas que iban en el vuelo 1549 de US Airways se treparon el jueves en estado de shock, pero ilesos, a los botes de rescate, satisfechos de estar vivos y cantando alabanzas al piloto Sullenberger.

El Airbus 320 con 150 pasajeros y cinco tripulantes efectuaba el jueves el trayecto entre el aeropuerto La Guardia, de Nueva York, y Charlotte, en Carolina del Norte, cuando al parecer una bandada de ocas o gansos impactó contra el aparato y destruyó ambos motores, informaron este viernes los medios.

No había tiempo para regresar a La Guardia, y como no había otro aeropuerto lo suficientemente cerca, la tripulación decidió un amarizaje sobre el río Hudson.

“Luego pasaron a unos 900 pies (300 m) por encima del puente George Washington, según los controladores, y en un punto cercano al final de la calle 48 en Midtown Manhattan, el avión se deslizó sobre las tranquilas y grises aguas del río”, informó The New York Times.

Carcasa será santuario
La carcasa del airbus está depositada desde este viernes en el Battery Park de Manhattan, y será a partir de ahora una especie de santuario para recordar el heroísmo y la habilidad de Sullenberger.

El pasajero Jeff Kolodjay dijo que vio cómo el motor saltaba por los aires. “Pensamos que empezaríamos a dar vueltas en círculo, pero no había tiempo”, declaró al diario Newsday.

Oyó cómo Sullenberger decía a los pasajeros que se prepararan para el impacto, y entonces se puso a rezar un Avemaría. “Impactamos duramente contra el agua”, señaló Kolodjay al diario, tan fuerte que algunas personas golpearon sus cabezas contra el cielo raso.

Pero una vez en el río, las puertas se abrieron y los pasajeros se dirigieron a las alas debido a que el agua ingresaba al avión, dijo Kolodjay.

Maniobra magistral
El gobernador de Nueva York, David Paterson, describió el episodio como un “milagro en el Hudson”.

“Al parecer, el piloto hizo una maniobra magistral de aterrizaje en el río, y luego se aseguró de que todo el mundo saliera”, dijo el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg.

“Tuve una larga conversación con el piloto. Recorrió dos veces el avión después de que todo el mundo estuvo afuera. Y trató de verificar que nadie quedara a bordo”.

Expertos en aviación entrevistados por los medios estadounidenses dijeron que fue difícil aterrizar el avión en ese ángulo. Si Sullenberger hubiera cometido algún error, el fuselaje probablemente se hubiera fracturado y llenado de agua al entrar en contacto con el río.

El presidente George W. Bush elogió “la destreza y el heroísmo” de Sullenberger y de toda la tripulación.

Los pasajeros dijeron que le deben sus vidas a Sullenberger.

Uno de ellos, Alberto Panero, dijo a la cadena CNN que escuchó una fuerte explosión inmediatamente después del despegue. “El avión se sacudió un poco y “de golpe empezó a salir un olor a quemado y el avión empezó a girar en otra dirección”.

“De pronto, el piloto dijo ‘prepárense para un impacto’ y ahí comprendimos que tocaríamos agua”, contó.

Otro, Fred Beretta, afirmó que Sullenberger realizó un “aterrizaje fenomenal”. Beretta se dirigió a la tripulación: “Gracias, gracias, gracias. Espero que alguien les dé un gran premio por lo que hicieron”.

Los pasajeros no pudieron estar en mejores manos. Sullenberger dirige una consultoría de seguridad en el transporte y tiene más de 19,000 horas de vuelo en una carrera de 40 años como piloto, según una biografía de su sitio en internet.

Este ex piloto de la Fuerza Aérea estadounidense fue instructor y responsable de seguridad de Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas. También participó en diversas investigaciones sobre accidentes aéreos.