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Barack Obama llamó a los estadounidenses ayer sábado a unirse en una “nueva declaración de la independencia” a fin de liberarse de la intolerancia, de la estrechez de miras y de la ideología, antes de comenzar su simbólico viaje en tren a Washington.

“Lo que se precisa es una nueva declaración de la independencia, no sólo en nuestro país, sino en nuestras vidas: de la ideología y la estrechez de miras, el prejuicio y la intolerancia, un llamado no a nuestros instintos fáciles sino a nuestros mejores ángeles”, dijo desde la 30th Street Station de Filadelfia.

Obama viaja desde Filadelfia, la cuna de la independencia norteamericana hace más de 200 años, a la Union Station, a casi un kilómetro del sitio donde jurará como el primer presidente afroamericano el próximo martes.

Homenaje a Lincoln
El recorrido sobre rieles es en parte un homenaje al héroe de Obama, Abraham Lincoln, quien antes de ser presidente también fue legislador de Illinois, y que realizó esta misma travesía camino a su investidura en 1861.

Pero mientras Lincoln y otros presidentes que lo siguieron pasaban días enteros atravesando las gélidas praderas, Obama, un producto de la era del jet, estará sobre las vías por apenas un día.

Trepa a bordo del tren llevando junto a él a un selecto elenco de seguidores, sus guardias del servicio secreto y un racimo de periodistas desde la estación 30th Street para recorrer 225 km en dirección sudoeste.

La primera parada fue Wilmington, Delaware, donde Obama recogió al vicepresidente electo Joseph Biden, quien pertenece a este pequeño estado para el que sirvió en el Senado hasta su renuncia el jueves pasado.

Con el número dos a su lado, Obama, embarcado en un lujoso vagón de estilo Pullman, con accesorios de madera color cereza que datan de 1930, avanzó luego a la enérgica ciudad de Baltimore, Maryland.

Allí habría un evento al aire libre que recordaría los mítines que condujo durante su campaña electoral y que reunirá a una vasta multitud en la plaza War Memorial, en una ciudad con una amplia población negra.

Obama llegará a Washington en medio de ecos históricos al final de la tarde de hoy domingo, por última vez antes de asumir la presidencia.

Su reverencia a Roosevelt
En estos últimos días la historia ha sido una constante compañera de Obama, pero el recuerdo más claro no ha sido Lincoln, sino otro presidente al que también reverencia, Franklin D. Roosevelt, y sus discursos durante la Gran Depresión.

A punto de asumir la conducción del país en la peor crisis económica desde la década de 1930, la cual Roosevelt debió heredar, Obama advirtió el viernes que las cosas podrían ponerse peores antes de comenzar a mejorar, y presionó al Congreso para actuar en su plan de estímulo económico.

Y ayer sábado advirtió que a Estados Unidos le esperan “días difíciles”, aunque al mismo tiempo se mostró optimista y elogió la larga tradición de cambios de mando pacíficos en este país.

En su última alocución radial antes de convertirse en el 44 presidente, dijo a sus conciudadanos que el mundo será testigo el próximo martes de “un rito que va al corazón de nuestra grandeza como país”.

“Por 43ra vez, llevamos a cabo la pacífica transferencia de poder de un presidente al siguiente”, dijo Obama.

El presidente electo, cuya investidura tendrá lugar ante una vasta multitud en el Capitolio y a los ojos del mundo, advirtió que con la crisis económica el pueblo norteamericano está frente a tiempos “de grandes desafíos”.

“Estamos en días difíciles, y nos esperan días difíciles por delante. Nuestro país está en guerra. Nuestra economía está en grandes dificultades. Y hay mucho trabajo por hacer para restaurar la paz y promover la prosperidad”.

“Pero al acercarnos a esta larga tradición estadounidense, recordamos que nuestros desafíos pueden concretarse si evocamos el espíritu que ha sostenido nuestra democracia desde que George Washington juró su mandato”.