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  • AFP

La capital de Madagascar, Antananarivo, tenía un aspecto fantasmagórico después de que sus habitantes respondiesen a la convocatoria del alcalde de no salir a las calles como protesta, tras las manifestaciones contra el gobierno que dejaron 68 muertos.

El alcalde Andry Rajoelina ha solicitado a los vecinos que se quedasen en sus casas y lanzó un ultimátum al gobierno para que castigue a los responsables del asesinato de un manifestante el lunes. Los comercios y las escuelas estuvieron cerrados. En la capital algunos expresaban su inquietud por las consecuencias de las protestas en este país pobre del océano Indico.

Pocos coches por las calles
"No estamos de acuerdo con la protesta porque sólo nos trae problemas financieros. No podemos ir a la huelga. Los precios se han triplicado en los dos o tres últimos días", dijo Irene Ralambomana, de 56 años.  Aunque los bancos y las oficinas postales abrieron y el transporte público funcionaba, muy pocos autos pasaban por las calles y sólo un pequeño grupo de funcionarios fueron a trabajar.

La escena difería mucho de la que se pudo ver en la capital el lunes, cuando las manifestaciones contra el gobierno del presidente Marc Ravalomanana, convocadas por el alcalde, acabaron con el pillaje de tiendas y la quema de edificios gubernamentales. La policía dijo que al menos 42 personas murieron en la capital durante los disturbios, entre ellas 30 alborotadores a quienes les cayó el techo de un supermercado incendiado. Otras 26 murieron en otros lugares de la isla, entre el lunes y el martes.