Jorge Eduardo Arellano
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Más de un millón de personas siguieron ayer jueves la huelga general convocada en Francia en protesta contra la política anticrisis del presidente Nicolás Sarkozy, un paro cuyo impacto ha sido desigual y no ha causado “el caos” en los transportes que algunos vaticinaban.

Según cifras oficiales, un cuarto de los casi 5 millones de funcionarios participaba en la huelga, convocada por todas las centrales sindicales para defender el empleo, el poder adquisitivo y los servicios públicos.

Es el primer acto de protesta social de tal envergadura desde la elección de Nicolás Sarkozy en mayo de 2007 y desde el estallido de la crisis económica mundial en septiembre pasado.

Además de la enseñanza, donde al menos la mitad de los profesores estaban en huelga, el paro afectó sobre todo al transporte público urbano, ferroviario o aéreo, pero sin alcanzar los niveles anunciados.

Es “un acontecimiento social de gran importancia” y no “una explosión de cólera pasajera, habrá consecuencias”, estimó Bernard Thibault, líder de la CGT, principal organización sindical.

Miles de personas desfilaron en unos 200 cortejos en toda Francia, en los que participaron numerosos trabajadores del sector privado, sobre todo en las regiones donde el tejido económico e industrial acusan de lleno los efectos de la crisis, como Toulouse (suroeste), donde se manifestaron entre 56,000 y 90,000 personas.

En Rennes (oeste), uno de los polos de la movilización estudiantil el año pasado, había entre 20,000 y 35,000 manifestantes, en París (suroeste) la Policía hablaba de 65,000 y la CGT contabilizó 300,000 entre las plazas de la Bastilla y de la Ópera.

Gran poder de convocatoria

Según Bernard Thibault, las manifestaciones reunieron al menos “un millón de personas”.

Para François Cherèque, Secretario General de la CFDT, otra de las tres grandes centrales, se trata de una movilización entre “las más grandes” de los últimos 20 años.

Los trastornos provocados por el paro eran menores de lo previsto, y el gobierno, que se había mostrado apaciguador la víspera, parecía sortear el peligro de un país totalmente paralizado por la huelga.

En cuanto a los aeropuertos de París, Orly canceló un 12% de los vuelos, y Roissy-Charles de Gaulle un 35%; hubo además algunos retrasos debido a la neblina.

En el sector ferroviario la participación en el movimiento de protesta ascendió al 41%, según las fuentes sindicales, o 36% según la dirección. Los efectos se hacían sentir tanto en el tráfico de la red provincial como en la región parisina, con un porcentaje de trenes en servicio que oscilaba entre el 35% y 90%, según los tramos.

El metro parisino funcionaba al 75% de capacidad y los autobuses de la capital circulaban en un 85%, según la administración de los transportes públicos de París.

Las centrales sindicales harán un balance de esta jornada en una reunión prevista el próximo lunes en vista de posibles futuras acciones.