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BASORA / AFP
Los británicos hicieron ayer el traspaso de poder de la rica provincia sureña de Basora a las autoridades iraquíes, con lo que se allana el camino para una reducción de las tropas de Gran Bretaña desplegadas en Irak.

“La seguridad de Basora está ahora en manos de los iraquíes”, se congratuló Muafak al Rubaie, el asesor iraquí para la seguridad nacional, quien recalcó el peso de esta región en el desarrollo económico del país.

Al Rubaie representó al primer ministro Nuri al Maliki en la ceremonia de transferencia de poder celebrada en el aeropuerto de esta gran ciudad portuaria.

El ministro de Relaciones Exteriores británico, David Miliband, no asistió a la ceremonia pese a encontrarse en Basora, pero consideró en un comunicado que “la transferencia (...) de la responsabilidad en materia de seguridad de la provincia de Basora para un control iraquí era un gran progreso”.

El comandante británico Graham Binns firmó un protocolo de acuerdo con el gobernador de Basora, Mohammed al Waili, sobre la restitución del control de esta provincia de 2.6 millones de habitantes, en su mayoría chiítas, que se encontraba bajo mando británico desde marzo de 2003.

“Las fuerzas de seguridad iraquíes están dispuestas a tomar el relevo”, aseguró el general Binns.

Basora es la última de las cuatro provincias más meridionales de Irak bajo supervisión de los militares británicos desde la guerra de marzo-abril de 2003, que pasa a manos de los iraquíes.

Nueve de las 18 provincias del país están ya bajo control iraquí.

Según una investigación realizada en Basora por la televisión pública británica BBC, el 86 por ciento de los habitantes de esta ciudad consideraba negativa la presencia del contingente británico.

El pasado 3 de septiembre, los británicos ya cedieron a los iraquíes las competencias en materia de seguridad en la ciudad de Basora, por cuyo puerto transita el 80 por ciento del petróleo iraquí que se exporta.

La riqueza petrolera de esta provincia, que produce junto con la de Misane el 70% del crudo iraquí, podría ser fuente de inseguridad, debido a que las tres formaciones chiítas iraquíes se disputan su control.

El gobernador Al Waili está afiliado al partido Fadhila (Virtud) y las dos grandes facciones restantes, el Consejo Supremo Iraquí Islámico (CSII) y el movimiento sadrista, ya ponen en duda su legitimidad.

Rubaie reiteró que “todas las armas” deben estar “en manos del gobierno”, y puso énfasis en la “responsabilidad” del gobernador en el ámbito de la seguridad.

“Estamos dispuestos a oponernos a quienquiera que intente sabotear la seguridad”, respondió el gobernador.


174 británicos murieron
La Policía y el Ejército iraquíes, que ya se encuentran desplegados en la ciudad de Basora, se ocuparán a partir de ahora de toda la provincia.

Un contingente de unos 4,500 soldados británicos está apostado en el aeropuerto de la ciudad, y quedará reducido a 2,500 efectivos a principios de 2008. Un total de 174 militares británicos perdieron la vida en Irak desde el inicio de la guerra en marzo de 2003.

“Ha sido un viaje difícil, y aún no hemos llegado al final del camino”, declaró el ministro de Defensa británico, Des Browne.

“Nuestro papel en Irak cambia y se convierte en un papel de supervisión, pero nuestro compromiso en Irak no quedará debilitado”, agregó en un comunicado.