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Los senadores estadounidenses votarán el lunes el plan de rescate económico de 780.000 millones de dólares después de un acuerdo alcanzado por la mayoría demócrata, aunque aún están en discusiones. el plan económico financiero expuesto por el presidente Obama inyectará probablemente capital fresco en los bancos aunque bajo estrictas condiciones, y aliviará a los propietarios de casas, según datos de medios estadounidenses.

El mandatario norteamericano saludó el compromiso negociado en el Senado y durante su alocución radial mencionó que "En el centro de nuestra mayor crisis económica desde la Gran Depresión, el pueblo estadounidense esperaba que el Congreso comenzara a abordar los inmensos desafíos que enfrentamos". De igual manera, destacó que "la escala y la envergadura de este plan, es justa. Y es tiempo de actuar ahora", estimando como "positivo" el progreso de las negociaciones en el Senado.

Este nuevo plan no incluye un banco especializado para comprar los activos tóxicos de las firmas financieras, una idea evocada en las últimas semanas. En su lugar, el Tesoro podría tratar de expandir el papel de los sistemas de crédito que son respaldados por activos de la Reserva Federal, para cubrir otros activos además de los préstamos a estudiantes, tarjetas de crédito y préstamos en general.

Para aliviar a los propietarios de casas con hipoteca, el secretario del Tesoro Timothy Geithner, propondrá reglas nacionales para modificar los préstamos que serán absorbidos por los gigantes hipotecarios, Freddie Mac y Fannie Mae, aseguró el Journal. También se intruducirá en el plan una forma para calcular el valor de las residencias que se enfrentan a una ejecución para facilitar las negociaciones con los prestamistas.

Los senadores demócratas anunciaron un compromiso que reunía suficientes votos para aprobar el plan de estímulo económico de al menos 780.000 millones de dólares. Tras largos intentos, se llegó a un acuerdo para recortar los cerca de 920.000 millones de dólares inicialmente previstos, gracias al trabajo de un pequeño grupo de legisladores "moderados" de ambos partidos. Los demócratas cuentan con tres senadores republicanos -Olympia Snowe, Arlen Specter y Susan Collins- para poder aprobar el plan.

Pero una gran parte de los senadores de la oposición republicana, comandados por John McCain, ex candidato presidencial, sigue siendo hostil al plan que se discute desde hace una semana en el Senado y que, según el jefe de la mayoría demócrata, Harry Reid, podría ser aprobado este lunes. Si se aprueba, será "una jornada muy mala para Estados Unidos", opinó McCain.

Entre los principales recortes del plan, se debe señalar la supresión de 40.000 millones destinados a ayudar a los estados con sus gastos, sobre todo el financimiento de la educación. Esas reducciones no gustan a todos los demócratas, pero la Casa Blanca, a través de su secretario general, Rahm Emanuel, dio su aceptación.

El nuevo plan de rescate incluiría medidas para incentivar a inversores privados para comprar los activos dudosos de los bancos, que recibirían una nueva inyección de capitales públicos, según publican los medios estadounidenses.

De esta manera, el Estado parece haber renunciado a nacionalizar los bancos y a crear una estructura pública encargada de comprar los activos invendibles de los bancos desde la crisis de los créditos inmobiliarios de alto riesgo de mediados de 2007, según informaciones de The Wall Street Journal y The New York Times.

"Si no avanzamos rápidamente para aplicar este plan, nuestra crisis económica podría convertirse en una catástrofe nacional", justificó Obama.

Una primera versión del plan, de un monto de 819.000 millones de dólares, fue aprobada a fines de enero por la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes con el voto en contra de todos los republicanos. Si el Senado aprueba finalmente el texto, deberá ser conciliado con el ya aprobado por la cámara de representantes.

La primera mitad del plan fue aprobada en octubre pasado ante el requerimiento de Bush y ha sido muy criticado por la falta de controles en el uso de esos 350.000 millones de dólares iniciales.