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KINGLAKE / AFP

Al menos 103 personas han muerto en los incendios forestales que arrasan el sureste de Australia, los más mortíferos de la historia del país, y que el primer ministro, Kevin Rudd, calificó ayer domingo de “infierno en todo su furor”.

El fuego, que destrozó más de 700 viviendas, se ha propagado desde el sábado por el sureste del país, favorecido por la peor ola de calor desde hace un siglo. Algunos de los incendios serían obra de pirómanos, según las autoridades.

El balance alcanzaba ayer domingo 103 muertos, según la Policía australiana. Las autoridades temen, sin embargo, que la cifra de víctimas mortales siga aumentando, dado que muchos heridos sufrían quemaduras graves.

Son los peores incendios y los más mortíferos de la historia del país, superando incluso los registrados en 1983 en los estados de Victoria y en el de Australia Meridional, que provocaron la muerte de 73 personas.

“El infierno en todo su furor se ha abatido sobre la población del estado de Victoria desde hace 24 horas. Muchos han muerto, muchos han resultado heridos”, señaló el primer ministro ante los periodistas.

El gobierno ordenó el despliegue de unidades del Ejército para ayudar a los 3,000 bomberos ya movilizados.

La mayor parte de los muertos este fin de semana se registraron en la región de Melbourne, la segunda ciudad de Australia, situada en el estado de Victoria.

“Desgraciadamente, esperamos que haya todavía más muertos”, advirtió el prefecto de la policía de ese estado, Christine Nixon.

Aldeas arrasadas y se esperan más muertos

Una aldea situada al noroeste de Melbourne fue totalmente arrasada por el fuego. “Marysville, que era una de las aldeas más bonitas de Victoria, incluso de Australia, acaba de desaparecer del mapa”, lamentó Ivor Jones, un sacerdote que vivía en Marysville.

Los supervivientes describieron cómo una espesa nube negra de cenizas se extendió por el cielo, eclipsando el sol, y que sólo dejaba filtrar un “horrible resplandor naranja”, mientras las llamas invadían sus viviendas.

Marie Jones se encontraba en casa de una amiga, en la localidad de Kinglake, cerca de Melbourne, cuando un hombre llegó acompañado de su hija, ambos gravemente heridos.

“Le colgaban trozos de piel y su hija pequeña también estaba quemada. Llegó diciendo: ‘He perdido a mi mujer y a mi otro hijo, lo único que quiero es que salven a mi hija”, declaró Jones.

Al menos 18 personas murieron en Kinglake.

Un fotógrafo de la AFP pudo llegar hasta esta localidad, en cuya carretera de acceso de hallan numerosos coches calcinados, reducidos a esqueletos metálicos, que fueron abandonados por sus ocupantes para escapar del fuego.

“Estos fuegos han sido muy rápidos, muy violentos y muy feroces”, subrayó el jefe adjunto de la Policía de Victoria, Kieren Walshe.

“Lo peor que le puede ocurrir a la gente es que tomen una decisión precipitada para huir y que acaben atrapados en sus coches”, declaró a la cadena Sky News la portavoz de la sección rural de los bomberos de Nueva Gales del Sur, Rebel Talbot.

Los violentos vientos han atizado más de 50 incendios en los estados de Victoria, Nueva Gales del Sur, y los territorios de la capital, Canberra, regiones donde la temperatura alcanzó los 46 grados Celsius debido a una ola de calor sin precedentes.

Las autoridades australianas han prometido castigar con severidad a los pirómanos que, según ellas, son responsables de algunos de los incendios. Podrán ser perseguidos por asesinato, según la Policía.

El primer ministro del estado de Victoria, John Brumby, indicó que no se esperaba una mejora inmediata. “Todavía no ha acabado, no antes de que venga algo de lluvia, y no hay ninguna previsión fiable que anuncie lluvia en los próximos días”, subrayó.