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  • AFP / AP

Los peores incendios en la historia de Australia, que se han cobrado al menos 173 vidas según el último balance de la Policía, han destruido otra docena de localidades del sureste del país, dejando un sombrío legado de desolación calificado a su vez por la institución como "escenas del crimen".

Los militares y los bomberos prosiguen con su lucha contra las llamas, mientras las autoridades del estado de Victoria lanzaron advertencias de un posible recrudecimiento de los focos de incendio en el sureste de ese territorio. Y es que los vientos cambiantes amenazan con hacer que las llamas sobrepasen las líneas de contención del fuego puestas en marcha por miles de bomberos, la mayoría exhaustos voluntarios que han estado trabajando sin descanso durante los últimos días.

Las llamas han destruido ciudades y han acabado con las vidas de familias enteras, causando desolación, tristeza y también rabia e indignación, después de que la policía reveló que algunos de los fuegos fueron provocados por pirómanos. En este sentido, el primer ministro, Kevin Rudd, acusó a los autores de "asesinatos en masa". "Esto ha alcanzado un nivel de horror que pocos habíamos anticipado".

El Parlamento suspendió su actividad para marcar lo que el viceprimer ministro calificó de "uno de los días más oscuros" de Australia en tiempos de paz. Los relatos de la tragedia y el miedo calaban entre la población mientras que las imágenes de llamas dominaban las portadas de los diarios y las noticias en la televisión.

El fuego ha devastado ya unos 3.000 kilómetros cuadrados, alimentadas además por una prolongada ola de calor. La policía levantó un cordón de seguridad alrededor de algunas de las zonas devastadas para tratar de determinar si son obra de pirómanos. Además, bloqueó el paso a los vehículos a Marysville, en el noreste de Victoria.

En una vivienda de la ciudad más afectada por los incendios, Kinglake, al norte de Melbourne, se encontraron los cuerpos calcinados de cuatro niños acurrucados junto al de un adulto, posiblemente un pariente. Con Kinglake arrasada, los habitantes de la ciudad de Yackandandah, en el noreste de Victoria, observaban inquietos el rumbo tomado por los incendios.

Muchos de los fallecidos murieron en el interior de sus coches cuando trataban de huir del avance de las llamas y otros perecieron al tratar de salvar sus viviendas. También han muerto miles de animales. Mientras tanto, miles de supervivientes se encontraban refugiados en edificios públicos y escuelas.