Jorge Eduardo Arellano
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Por lo menos nueve jugadores de un equipo de fútbol del Ejército paquistaní murieron y otros cuatro resultaron heridos el lunes en un nuevo atentado suicida en el noroeste de Pakistán, anunció el Ejército.

Este atentado ocurrió en un barrio particularmente protegido de la ciudad cuartel de Kohat, en la Provincia de la Frontera del Noroeste (NWFP), fronteriza con Afganistán, indicó a la televisión de Estado el portavoz del ejército, general Waheed Arshad. “Fue un atentado suicida”, había afirmado antes a la AFP un oficial de Policía.

Los jugadores regresaban de un partido de fútbol e iban, al parecer, por una carretera, cuando fueron atacados, explicó el general Arshad, quien agregó que la zona fue acordonada.

Se trata del segundo ataque de este tipo en tres días contra militares de esta región de Pakistán afectada por una insurrección islamista.

El sábado, por lo menos cinco personas --tres civiles y dos soldados-- murieron y varias resultaron heridas en un atentado con explosivo perpetrado por un kamikaze a la entrada de un cuartel militar en el noroeste.

Este nuevo atentado ocurre luego de que el presidente Pervez Musharraf levantó el sábado el estado de excepción que instauró en el país el 3 de noviembre pasado, invocando la amenaza terrorista islamista.

2007 conoció un récord absoluto en Pakistán en términos de atentados reivindicados por combatientes islamistas o atribuidos a los fundamentalistas cercanos de Al Qaida y de los talibanes, que son muy activos en las zonas tribales del noroeste fronterizas con Afganistán.

Con las cifras de este último ataque, más de 700 personas han muerto este año en el país en atentados casi exclusivamente perpetrados por kamikazes, y que tuvieron como objetivo principalmente militares y policías, aunque afectaron también civiles.

Esta ola sangrienta ha experimentado un recrudecimiento tras el asedio y luego el ataque en julio pasado de la Mezquita Rosada de Islamabad, donde estaban atrincherados fundamentalistas cercanos a los talibanes y de Al Qaida que desafiaban cotidianamente a las autoridades de la capital desde hace meses.

Unos cien combatientes que se habían atrincherado con armamento pesado murieron en el asalto de los militares y de los policías.

Al siguiente día los líderes fundamentalistas musulmanes paquistaníes, aunque también el número 2 de Al-Qaida, Ayman Al-Zawahiri, prometieron vengarlos atacando al presidente Pervez Musharraf y a su Ejército.

El 20 de septiembre pasado, Osama bin Laden decretó la Jihad, “guerra santa”, al jefe del Estado paquistaní y su Ejército para “lavar la sangre” de los “mártires” de la Mezquita Roja.