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  • AFP

Los israelíes votaban en unas elecciones muy reñidas entre el halcón Benjamin Netanyahu y la centrista Tzipi Livni, que prometen además un avance del ultranacionalismo favorecido por un giro a la derecha de la opinión pública tras la ofensiva en Gaza.

El índice de participación es del 42%, tres puntos por encima de los resultados de las últimas elecciones de 2006, según la comisión electoral central. Más de 5,2 millones de israelíes están llamados a las urnas en 9.263 colegios electorales en todo el país, en unos comicios que serán cruciales para el futuro del proceso de paz en Oriente Medio.

La tasa de participación bajó constantemente en las últimas consultas y llegó a su mínimo, de 63,5%, en 2006. Para evitar algo parecido, el presidente israelí, Shimon Peres, urgió a sus conciudadanos a votar. "No podemos garantizar que nuestro país siga siendo democrático si no votamos", afirmó. Durante semanas, los sondeos de opinión dieron ventaja a Netanyahu, ex primer ministro (1996-1999) y líder del conservador Likud.

Pero en los últimos días, Livni, ministra de Relaciones Exteriores, recuperó parte del terreno perdido por su partido, el centrista Kadima, aún convaleciente de los escándalos de corrupción que obligaron a dimitir al primer ministro, Ehud Olmert.

20% de indecisos
Un número récord de indecisos -en torno al 20%- agrega suspenso a unos comicios cuya campaña estuvo dominada por las cuestiones de seguridad tras la ofensiva israelí contra el movimiento islamista Hamas en la franja de Gaza en enero, en la que murieron más de un  mil 330 palestinos.

La gran sorpresa de la campaña fue el avance meteórico de Avigdor Lieberman, un inmigrante soviético líder del partido ultranacionalista Israel Beiteinu ("Israel es nuestra casa"), cuyos seguidores no han dejado de crecer a raíz de la guerra de Gaza y de su promesa de golpear con puño de hierro a los enemigos de Israel.

Los sondeos de opinión sitúan al partido de Lieberman en tercera posición, desplazando al Partido Laborista y convirtiéndolo en una pieza clave para formar el rompecabezas gubernamental. Esos sondeos no parecían verse afectados por una investigación por presunto blanqueo de dinero contra Lieberman, que el Tribunal Supremo israelí aplazó hasta después de las legislativas, según informó una fuente judicial.

Negociaciones de coalición promerten ser duras
Respecto a los comicios, no se espera que ninguno de los tres partidos logre más de un tercio de los 120 escaños de la Kneset -el Parlamento unicameral- y las negociaciones de coalición prometen ser duras. Los últimos sondeos pronosticaban entre 25 y 27 escaños para el Likud, de 23 a 25 para Kadima, unos 18 ó 19 para Israel Beitenu, y entre 14 y 17 para el Partido Laborista.

Si es elegido, Netanyahu, de 59 años, ha prometido derrocar a Hamas del poder en Gaza y poner fin a los disparos de cohetes palestinos contra el sur de Israel. Esos disparos han continuado esporádicamente desde que el 18 de enero un frágil alto el fuego puso fin a la ofensiva israelí en Gaza.

En el complicado sistema político israelí, el presidente elige tras las elecciones legislativas al cabeza de lista que tiene, en su opinión, más posibilidades de formar una coalición de gobierno que sume 61 escaños, aunque su partido no haya obtenido el mayor número de diputados.