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Italia, que continúa conmovida por la muerte de Eluana Englaro, la mujer que llevaba en coma vegetativo desde 1992, sufre una fractura política y social que se manifesta con virulencia en el debate sobre la eutanasia y el derecho a morir dignamente. No obstante, la discusión va más allá y la mayoría de las fuerzas políticas acordaron debatir en las próximas dos semanas una ley que reglamente el final de un enfermo que no puede manifestar su voluntad.

"Eluana no murió de muerte natural, fue asesinada", clamó el jefe de gobierno Silvio Berlusconi, quien intentó a través de una ley urgente bloquear la sentencia del Tribunal Supremo que autorizó en diciembre pasado interrumpir la alimentación artificial a Eluana. Los resultados de la autopsia, programada a partir de hoy, deberán aclarar la muerte de la mujer, ocurrida antes de lo estimado por sus propios médicos, quienes creen que se dio "probablemente" por una insuficiencia renal que provocó a su vez una insuficiencia respiratoria y un paro cardíaco.

Pese a las acusaciones de Berlusconi y de numerosos miembros de su gobierno, la fiscalía de la región no ha encontrado indicios para abrir una investigación por "crimen", informaron fuentes judiciales. El Colegio de Médicos de la región convocó en cambio a los médicos que asistieron a Eluana, entre ellos al anestesista Amato de Monte, para esclarecer el caso, que generó también una disputa médica y científica sobre el ensañamiento terapéutico y los límites de la medicina moderna. Los adversarios de la eutanasia les acusan de haber acelerado la muerte de la mujer para evitar que el parlamento italiano adoptara una ley urgente que les obligaría a conectar de nuevo la alimentación artificial.

El padre de Eluana, quien batalló más de diez años para lograr que la "desconectaran", visitó la morgue a la que fue trasladado el cuerpo de su hija, de quien nunca dejó que se divulgaran fotos o imágenes que mostraran su agonía.

Según una periodista que cubrió el caso desde el inicio y que la visitó recientemente, Eluana era "irreconocible", pesaba unos 40 kilogramos, no podía mover los brazos y las piernas y tenía llagas a pesar de que la cambiaban de posición cada dos horas.

La muerte de Eluana desactivó el duro enfrentamiento entre la familia y Berlusconi y ofrece una oportunidad a la clase política para que reflexione sobre los proyectos de ley existentes y jamás puestos en marcha. "Un momento de dolor y confusión nacional como el de hoy puede ser la oportunidad para una reflexión común", declaró el presidente de la República, Giorgio Napolitano, cuyos poderes fueron cuestionados por el Gobierno en el caso Eluana, generando un conflicto institucional sin precedentes.

La Iglesia italiana, que apoyó la ofensiva del gobierno conservador y acusó a la familia y a las instituciones de cometer un "homicidio", también llama ahora a reflexionar. "Después de semanas de angustia llegó la hora de hacer una reflexión que una creyentes y no creyentes", sostiene el diario oficial de la Santa Sede, L'Osservatore Romano. "Que Dios 'perdone' a los responsables de la muerte de Eluana", declaró el cardenal mexicano Javier Lozano Barragán, "ministro de Salud" de la Santa Sede.

Eluana será incinerada tras una ceremonia íntima cuya fecha no fue divulgada, informó la familia. Eluana Englaro, de 38 años, falleció ayer en una clínica de Udine, al nordeste de Italia, cuatro días después de que se le retirara la alimentación artificial por orden de la máxima autoridad judicial italiana.