Jorge Eduardo Arellano
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Las máscaras con la imagen del nuevo presidente estadounidense Barack Obama se venden como pan caliente en Río de Janeiro, a dos semanas del Carnaval, y por dos dólares cualquiera puede ‘ser Obama’ en las calles cariocas.

“La máscara de Obama es un verdadero éxito, incluso exportamos 5,000 para España”, dijo el martes a la AFP Olga Valles, propietaria de Condal, principal fábrica artesanal de máscaras de Río y la más antigua de Brasil.

Después de Obama, la máscara más popular es la del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien bate récord de popularidad (84%) luego de más de seis años en el poder.

Las caricaturescas máscaras de otros políticos brasileños “se venden mal” este año, dijo Valles.

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, quien visitó Brasil recientemente, tiene menos éxito, al igual que otros mandatarios extranjeros, “probablemente porque es menos conocido”, indicó Valles.

“Vendimos 1,000 máscaras de Sarkozy en Europa, pero ninguna en Brasil. Las personas aquí conocen más a su esposa, la cantante Carla Bruni, pero como hay derechos de imagen en su caso, no hice” la máscara, explicó.

Otros mandatarios extranjeros también tienen su lugar en esta tradición, que evoluciona con el paso del tiempo.

Desde hace seis años, las máscaras de personajes conocidos, como el jefe de la red terrorista Al Qaida, Osama bin Laden, o el ex presidente George W. Bush, o incluso el ex dictador iraquí Saddam Hussein (sobre todo en 2004), se venden siempre mejor que las caras de diablo o de hombre lobo.

Según Valles, otros disfraces tradicionales, como el del gorila King Kong, por ejemplo, vuelven a interesar a los cultores de la fiesta del dios Momo.

“Este año duplicamos las ventas” de disfraces de King Kong, no obstante ser “nuestra pieza más cara: 50 dólares”, añadió. “A pesar del calor durante el Carnaval, es muy pedida”, terminó.

La fábrica Condal, fundada en 1958 por Armando Valles, realiza unas 300,000 máscaras por año.

Su fundador, de origen catalán, falleció en 2007, y su esposa Olga tomó el relevo de la firma, en la que trabajan 10 artesanos desde hace 40 años.