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Enamorarse es parte de la vida. De nacer, crecer y desarrollarnos, incluso de realizarnos como personas. Experimentar ese sentimiento que te revuelve los sentidos y te hace vivir al máximo cada segundo con la persona amada. ¿Pero qué sucede cuando no se trata de una relación “convencional”? ¿Tendrán razón aquéllos que señalan y dicen que dos personas con algún tipo de capacidad diferente no están preparadas para transmitir lo que sienten o que no pueden realizar el sueño de establecer una familia?
Cuando se conoce la historia de Alan y Carmen, las interrogantes son aclaradas. una historia de perseverancia, de amistad, y de un amor respetuoso y puro, sin ninguna malicia, de esos que ya quedan pocos.

A sus 45 años, Carmen Isabel Úbeda ha viajado a varios países del continente americano, sin que su deficiencia intelectual se convierta en un obstáculo para conocer lo que ofrece el mundo más allá de nuestras fronteras.

Una gran soñadora

Ella es toda una soñadora. De esas que no se conforman con construirse todo un paraíso imaginario, sino que luchan por hacerlo realidad. Desde joven, Carmen observaba a las muchachas de su edad salir a divertirse, y le preguntaba a su madre por qué ella no podía ir a fiestas. De la misma forma que se cuestionaba a si misma, por qué no tenía novio. Y es que tener a una persona para compartir su vida, se convirtió en uno de sus mayores anhelos.

Pero doña Olga Úbeda, su progenitora, quien se ha dedicado al cuido y enseñanza de su única hija, miraba con recelo la posibilidad de que Carmen Isabel entablara una relación amorosa, temiendo que algún hombre pudiera aprovecharse de su inocencia.

Pero como en el corazón no se manda, doña Olga no pudo detener el sentimiento que fue creciendo en su hija hacia Alan Juárez, un joven de 32 años, que también padece de deficiencia intelectual y posee rasgos autistas que por momentos parecen alejarlo de la realidad.

Lo que para muchos es un impedimento para ser felices, se convirtió en una similitud más, de las muchas que comparten estos jóvenes, que los guió por el camino hacia el altar donde se jurarían amor para toda la vida.

Alan y Carmen Isabel iniciaron su aprendizaje en la Escuela Especial de Estelí, y aunque Alan cursaba preescolar y Carmen tercer grado, pronto se hicieron amigos. Luego el destino los llevó por caminos diferentes. No se volvieron a ver hasta 2005, cuando el joven se integró al Centro de Los Pipitos de este departamento, donde encontró a su antiguo amor.

“Cuando volví a ver a Carmen supe que era aquella niña bonita, aunque ella no me reconoció, pero yo sentí un flechazo en el corazón, así que me presenté y a medida que platicábamos se acordó de mi”, comenta Alan, mientras sostiene cariñosamente la mano de Carmen.

Comparten distintas aficiones

Durante los dos años que permanecieron en el centro llegaron a conocerse a profundidad. Ambos comparten el amor por las artes, la devoción por la Iglesia Católica, una gran afición al Real Estelí --el campeón del fútbol nacional-- y, sobre todo, un inmenso amor el uno por el otro.

Para doña Olga resultó toda una sorpresa, cuando un día que fue a buscar a su hija al centro, Alan le dijo que necesitaba hablar con ella de algo muy importante.

“Alan me dijo que amaba a Carmen Isabel, que les permitiera andar de novios porque ambos se querían, y que no debía preocuparme porque él la respetaría siempre”, recuerda doña Olga, quien reconoce que nunca había oído una petición tan emotiva, y al ver el entusiasmo de su hija, no quiso poner resistencia a la relación.

Y así inició el noviazgo que duró dos años. En el centro, las maestras pensaron que se trataba de un juego de niños o algo pasajero, pero cuando empezaron a hablar de casamiento, todos se dieron cuenta de que la relación iba en serio.

“Nos estuvimos conociendo bien hasta que me encariñé con él. Cuando íbamos a cumplir los dos años de novios nos enredamos en casarnos, yo le pedí permiso a mi mamá, y me dijo que si era lo que yo quería, que apoyaba mi decisión”, cuenta Carmen.

Los preparativos para la boda mantuvieron a los familiares y trabajadores del centro, donde se celebró la fiesta, ocupados durante varios días. Todos participaron elaborando arreglos florales, adornos y decorando el escenario para la festividad.

La boda fue el 20 de diciembre del año pasado en la iglesia La Cruz del Calvario. Alrededor de cien personas acompañaron a los felices novios ese día, y fueron testigos de cómo juraron amarse y respetarse.

Una pareja emprendedora

Desde entonces, la pareja vive junto con la madre de Carmen, en Finca Donoso, una propiedad ubicada a dos kilómetros del centro de la ciudad de Estelí, donde mantienen una huerta.

Alan, quien aparenta ser un poco más ambicioso que su esposa, planea ampliar el pequeño comercio que tienen, donde venden cuadernos con imágenes del Real Estelí. Y es que ésta es una pareja emprendedora, porque primero tuvieron un puesto de venta de pollos al pastor, que aunque no funcionó, no detuvo el carisma de los recién casados por tener algún negocio.