•  |
  •  |
  • END

La primera noche de desfiles en el Sambódromo carioca tuvo lo esperado y más: miles de personas en un río de colores invadieron la pasarela del Carnaval en un despliegue espectacular que contagió a los presentes de alegría y les regaló... hasta un casamiento. Poco después de las nueve de la noche del domingo, los primeros fuegos artificiales en un extremo de la avenida Marqués de Sapucaí dieron el anuncio y 70 mil personas colmaron las gradas del templo de la samba y comenzaron a bailar.

La comparsa Imperio Serrano se apoderó de la avenida y sería su dueña por 82 minutos. Ya la música era conocida para muchos veteranos del carnaval carioca. La escuela de 3,700 integrantes presentó un enredo (tema musical) de 1976 sobre las leyendas de las sirenas y los misterios del mar. Le siguió a Imperio Serrano la fastuosidad de Grande Río, que en 2009, auspiciada por empresas francesas, celebró el año de Francia en Brasil y la relación histórica entre estos dos países.

La samba empezó al ritmo de la Marsellesa, y una alegoría sobre Luis XIV, Versalles y las cortesanas, abrió el paso hasta que el ‘French cancan’ del famoso Moulin Rouge copó la pista. Incluso, algunas bailarinas de la famosa casa parisina participaron del espectáculo. Vila Isabel presentó un desfile menos lujoso, pero mucho más compacto que su antecesora, con una apertura que fue todo movimiento y originalidad: una suerte de cubos móviles se desplazaron por la pista hasta que se juntaron y formaron el escenario de un teatro. Es que el espectáculo rendía tributo al Teatro Municipal de Río de Janeiro.

La Mocidade Independente del Padre Miguel, cuarta en ingresar al Sambódromo, rindió honor a los escritores Machado de Asís y Guimaraes Rosa, mostrando a través de sus obras la vida en Brasil. La popular Beija-Flor, bicampeona del Carnaval, buscó retener su corona al explorar la relación del hombre con el agua en una carroza que presentaba una “ducha de la alegría” para “lavar el alma en la locura”.

Hasta Lula bailó

El desfile, al que asistió el presidente brasileño Luiz Ináció Lula da Silva, tuvo como siempre color, baile, alegría, y mujeres bellísimas enfundadas en trajes diminutos o en increíbles y coloridos atuendos de plumas. No faltaron tampoco ideas nuevas y originales para presentar los temas de cada escuela, desde hombres disfrazados de cocodrilos que atravesaban la pista tendidos sobre patinetas, carros que arrojaban perfume al público o un Teatro Municipal que caía y era reconstruido sin cesar.