•  |
  •  |
  • AFP

El módulo que transportaba un satélite para detectar las emisiones terrestres de dióxido de carbono, responsable del efecto invernadero, no se separó del cohete que lo impulsaba y cayó hoy cerca de la Antártida, haciendo fracasar una misión de 278 millones de dólares. Antes de esta decepción en la investigación científica sobre el clima, el satélite había sido lanzado con éxito desde la base Vandenberg de la Fuerza Aérea, en California, a bordo de un cohete Taurus XL, según imágenes transmitidas por la agencia espacial estadounidense (NASA).

No obstante, tras "varios minutos en vuelo, los directores del lanzamiento declararon una contingencia cuando los propulsores fallaron en separarse adecuadamente" del módulo satelital, señaló la NASA en un comunicado. "El vehículo no tuvo suficiente impulso para alcanzar la órbita y cayó en el océano cerca del continente antártico", aseguró en conferencia de prensa John Brunschwyler, encargado del programa del cohete Taurus -fabricado por la firma Orbital Sciences Corp- que transportaba el satélite. "Todos en el equipo estamos decepcionados a un nivel muy personal, estamos muy disgustados con los resultados", añadió.

Era la primera vez que la NASA utilizaba un cohete Taurus para poner uno de sus satélites en órbita, pero Brunschwyler insistió en que el sistema había tenido un registro casi perfecto de 56 vuelos previos sin que se detectara ningún problema. "El lanzamiento no tuvo complicaciones", informó el portavoz del Jet Propulsion Laboratory de la NASA en Pasadena (California), Alan Buis. "El ascenso estaba bastante avanzado", a la altura del Océano Pacífico, cuando se declaró la "contingencia", reiteró Buis.

El satélite, bautizado Observatorio Orbital de Carbono (OCO, por sus siglas en inglés) tenía como misión hacer un mapeo completo de las emisiones terrestres, tanto de origen humano como natural, de dióxido de carbono (CO2), el principal gas de efecto invernadero vinculado al calentamiento global.

Los datos obtenidos por el satélite OCO ayudarían a los científicos a proyectar con mayor exactitud los aumentos de emisiones de CO2 en la atmósfera, para facilitar predicciones más precisas sobre el cambio climático. El director de vuelos de la NASA Chuck Dovale informó que se creará un equipo para determinar la causa probable del fracaso, al que calificó como "una enorme decepción" para la comunidad científica.

Michael Freilich, director de la división científica de la NASA, señaló que no es posible prever cuánto tiempo le tomará a la agencia espacial desarrollar un reemplazo del OCO, cuya construcción se prolongó durante ocho años.

Era la primera nave de la NASA dedicada a estudiar el dióxido de carbono, pero no la primera en órbita: el 23 de enero Japón lanzó un satélite dedicado a la detección de emisiones de gases de efecto invernadero. La misión japonesa ayudará a los científicos a medir la densidad del CO2 y del metano de casi toda la superficie terrestre.