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La reanudación de la evacuación de civiles e insurgentes en el reducto rebelde de Alepo fue aplazada por el régimen tras a un ataque de hombres armados a autobuses que evacuaban a civiles de dos ciudades chiitas proAsad.

Este domingo, una veintena de autobuses que iban a entrar en Fua y Kafraya, localidades chiitas asediadas por los rebeldes a unos 60 km al oeste de Alepo, fueron atacados e incendiados por hombres armados. El conductor de uno de los buses murió en el ataque, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH).

"La operación fue aplazada debido a la ausencia de garantías concernientes a la seguridad de los evacuados de las dos ciudades de Fua y Kafraya", precisó el director del Observatorio, Rami Abdel Rahman.

Yaser al Yusef, del grupo rebelde Nurredin al Zinki, confirmó a la AFP el aplazamiento "momentáneo" de la operación, subrayando que el incidente no tendría impacto en la reanudación de la misma.

Mientras, miles de habitantes están bloqueados en Alepo desde que la evacuación quedó interrumpida el viernes por divergencias sobre el número exacto de personas que debían salir de las dos localidades chiitas.

Hambrientas y ateridas de frío, miles de personas esperaron durante todo el día concentradas en el barrio de Al Amiriyah, punto de partida de los primeros convoyes que el jueves abandonaron la ciudad antes de que la evacuación fuera suspendida al día siguiente.

El nuevo acuerdo alcanzado entre los beligerantes, con el beneplácito de Turquía, apoyo de los rebeldes, y Rusia e Irán, aliados del régimen, había permitido la entrada de decenas de autocares "bajo la supervisión de la Cruz Roja y el Comité Internacional de la Cruz Roja", según los medios oficiales.

Frío glacial

Un responsable rebelde confirmó por su parte un nuevo acuerdo para evacuar Alepo, Fua y Kefraya en dos etapas, una primera con la mitad de la gente sitiada en Alepo en paralelo a la evacuación de 2.500 personas de Fua y Kefraya, y una segunda fase, en la que otros 1.500 abandonarán esas ciudades chiitas, mientras el mismo número de personas dejarán Zabadani y Madaya, dos ciudades rebeldes cercadas por el régimen en la provincia de Damasco.

Por la noche, tras horas de espera, más de 30 autobuses estaban abarrotados, incluso con personas de pie por la falta de espacio, pero los vehículos seguían estacionados, constató un periodista de la AFP.

Miles de habitantes más, entre ellos muchos niños, seguía esperando en el frío glacial para no quedarse fuera del siguiente convoy.

Algunos habían sacado ropa de sus maletas y les habían prendido fuego para entrar en calor, frente a unas temperaturas que llegaban a los -6 grados.

Casi 8.500 personas habían sido evacuadas de la ciudad antes de la interrupción del viernes, según el OSDH.

La ONU calcula que quedan unos 40.000 civiles y entre 1.500 y 5.000 combatientes insurgentes con sus familias en el reducto rebelde, según su enviado para Siria, Staffan de Mistura.

Sólo tres médicos

La situación humanitaria se hace cada vez más catastrófica para los civiles bloqueados, entre ellos muchos niños, que pasan la noche en las ruinas de los inmuebles, privados de agua potable y comida, agotados, sobreviven comiendo dátiles.

En el último hospital del sector rebelde, decenas de heridos y enfermos han empezado a morir por la falta de medios, según los médicos. Las condiciones del establecimiento son penosas, con los pacientes acostados en el suelo y sin apenas calefacción.

Un fisioterapeuta, Mahmud Zaza, aseguraba que sólo quedaban "tres médicos, un farmacéutico y tres enfermeros" en la zona.

En Nueva York, el Consejo de Seguridad se pronunciará finalmente el lunes (14H00 GMT) sobre un nuevo proyecto de resolución que prevé el envío de observadores a Alepo para supervisar las evacuaciones, un texto calificado de "bueno" por parte del embajador ruso Vitali Churkin.

Moscú --gran aliado de Damasco-- siempre ha opuesto su veto a las resoluciones concernientes a Siria, pero la embajadora estadounidense Samantha Power ha dicho que esta vez espera un "voto unánime".

Una vez que la evacuación de Alepo concluya, el régimen proclamará la reconquista total de la ciudad, sellando su mayor victoria desde el inicio de la guerra en 2011, que ha dejado más de 310.000 muertos y ha provocado el desplazamiento de la mitad de la población del país.