Jorge Eduardo Arellano
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Las relaciones entre Bolivia y Estados Unidos volvieron a recrudecerse tras informes críticos del Departamento de Estado sobre la lucha antidrogas y la situación de los derechos humanos en el país andino, mientras La Paz anticipa sufrir este año una nueva descertificación.

La Cancillería boliviana calificó, en un comunicado público, como una “tozuda miopía” el reciente informe estadounidense, en el que expresa su “decepción” sobre los esfuerzos de Bolivia en la lucha antinarcóticos y el lavado de dinero, reportó ayer sábado la prensa local.

La posición del gobierno surgió luego de que el Departamento de Estado, en un informe difundido el viernes en Washington, señalara que el país andino pasó de ser una nación de “preocupación” a “gran preocupación”.

Además, cuestionó los resultados bolivianos en la lucha contra las drogas y planteó que el régimen de La Paz acepte nuevamente la cooperación de la agencia antinarcóticos DEA, la que salió del país en septiembre pasado, acusada por Morales de conspirar contra su administración, muy ligada a Cuba y Venezuela, los enconados rivales de Estados Unidos en la región.

El informe sobre drogas salió dos días después de que otro similar observara la situación de los derechos humanos en el país andino, un reporte que fue calificado por el viceministro boliviano de Coordinación, Sacha Llorenti, como una “simplificación grosera de la realidad nacional”.

Para la Casa Blanca, en Bolivia se establecieron “abusos por parte de fuerzas de seguridad, arrestos y detenciones arbitrarias, ataques contra el Poder Judicial y amenazas a la libertad de prensa”.

Sobre el último informe sobre narcóticos, la Cancillería boliviana dijo en su comunicado que “el documento del Departamento de Estado conserva todavía la tozuda miopía de la burocracia antinarcóticos de la administración del señor (ex presidente) George W. Bush”.