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El 10 de enero de 2009, 10 días antes de su investidura como presidente, Barack Obama se detiene en Ben's Chili Bowl para saborear un hot dog. Ese fue el inicio de un doble mandato en el que su desenvoltura sirvió de vidriera a Washington, convertida desde entonces en capital "cool".

La visita a este ícono de la comida rápida y símbolo del Washington de ese entonces "es la mejor cosa que nos pasó en términos de impacto económico", recuerda Nizam Ali, dueño del lugar.

“Ello le dio valor e importancia a todo el barrio, históricamente afro-americano”, devastado durante los disturbios en U Street poco después del asesinato de Martin Luther King en 1968, explica a la AFP el dueño del restaurante sobre el cual está pintado el rostro del 44° presidente estadounidense.

Desde entonces, el establecimiento se convirtió en una visita ineludible, y tanto los residentes de Washington como los turistas “vienen porque Obama comió acá”, dice Ali con una sonrisa. “Todos los lugares que frecuentó viven un impulso increíble”.

El ejemplo de U Street es emblemático de la elitización de varios barrios de Washington, en otra época ciudad gangrenada por la criminalidad, que actualmente se jacta de una gastronomía en plena expansión y pretende enfocarse en sus museos gratis y su recuperada juventud para salir de la sombra de Nueva York.

Sobre todo, para deshacerse de su reputación de ciudad aburrida, poblada de burócratas, y de esos prejuicios que hacen que los estadounidenses vinculen a la capital federal, según un estudio reciente, a los términos “arrogancia” y “corrupción”.

DC Cool

Barack y Michelle Obama “adoptaron a Washington como pocos lo habían hecho antes, vivieron en la ciudad, salieron regularmente y probaron nuevos restaurantes”, analiza Robin McClain, responsable de la organización Destination DC, contratada por la alcaldía para promocionar la ciudad.

Destination DC lanzó en 2013 la campaña “DC Cool” para cambiar la imagen de Washington y darle una nueva identidad, siguiendo el mismo modelo de lo que hizo antes Nueva York con “I Love NY”.

AFP/ENDLa idea, explica Robin McClain, “es resaltar” aspectos de una ciudad “que cambió mucho en el último tiempo”, desde la multiplicación de bares y restaurantes a la inauguración del museo de historia y cultura afro-americana, esperado desde hace años.

Los resultados no tardaron en llegar. En 2014, Washington se convirtió en “la ciudad más 'cool' de Estados Unidos”, según la lista de la revista Forbes, y la mejor de 2016 en lo que respecta a restaurantes, según el sitio especializado “bonappetit”.

La llegada, en octubre, de la prestigiosa guía francesa Michelin, que distinguió a algunos restaurantes de DC con sus famosas estrellas, consagró a Washington como ciudad con buena onda.

En ocho años en el poder, ¿cuál fue el verdadero papel de Barack Obama en esta transformación?

El cambio de fondo ya estaba encaminado desde 2009, opina Michael Schaffer, editor jefe de la revista Washingtonian, especializada en la vida cultural de la capital, "pero la imagen de Obama ayudó increíblemente (...), representa exactamente la manera en que se percibe la nueva DC: 'cool', cosmopolita, multicultural".

Nostalgia

El presidente saliente, que entrega las llaves de la Casa Blanca este viernes, le lega además al republicano Donald Trump una ciudad floreciente.

La capital ya invirtió 11,800 millones de dólares para incluir nuevas atracciones, en particular la apertura de nuevos museos.

La llegada de Trump, de su administración y de nuevos vecinos, despierta temores en Washington. El millonario neoyorquino criticó a la capital durante su campaña.

Toda esa aprensión se cristalizó el viernes pasado con una frase lanzada en conferencia de prensa por el portavoz de Obama, Josh Earnest: “Creo que los negocios serán prósperos para los psicoanalistas de Washington en los próximos años”.

Como consuelo para los vecinos ya nostálgicos de la era Obama, la familia se quedará en el barrio acomodado de Kalorama, en Washington DC, hasta que la hija más chica, Sasha, termine el colegio.