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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decretó ayer una revisión de la regulación de los mercados financieros, en especial la ley Dodd-Frank, sancionada en 2010 para dar transparencia a esa actividad tras la catastrófica crisis de 2008.

"Hoy estamos firmando principios fundamentales para regular el sistema financiero de Estados Unidos. Es difícil pensar en algo más importante, ¿verdad?", expresó el mandatario antes de estampar su firma en el decreto.

La ley Dodd-Frank, que había sido promulgada por el entonces presidente Barack Obama, está en el centro de la irritación de los legisladores del gobernante partido Republicano y del sector financiero porque la consideran una camisa de fuerza desactualizada.

"La ley ha sido un desastre no apenas por su impacto, sino también porque no logró los objetivos que se propuso", dijo el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer.

Entre sus miles de normas, determinó que los bancos deberían someterse a pruebas anuales para comprobar su solidez en caso de crisis financiera, para evitar un caída estrepitosa como ocurrió con Lehman Brothers en septiembre de 2008. También prohibía bancos especular por cuenta propia.

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La llegada de Trump a la Casa Blanca y la mayoría republicana en el Congreso son señales claras de que este arsenal legislativo tiene los días contados.

"Vamos a recortar mucho de la ley Dodd-Frank. Tengo amigos que no pueden lanzar empresas debido a que los bancos no quieren prestarles dinero a causa de las reglas y controles de la ley Dodd-Frank", dijo Trump este viernes.

¿Qué es la ley Dodd-Frank?

La ley Dodd-Frank de reforma de Wall Street, que el presidente Donald Trump quiere desmantelar, generó un arsenal de normas para evitar excesos del sector financiero de Estados Unidos que desataron la crisis de 2008-2009.

Los grandes bancos tienen también que hacer un "testamento" que permita su ordenado desmantelamiento si quiebran y no pueden devolver dividendos a accionistas sin el permiso de la Reserva Federal (Fed).

Esta ley, un mamotreto de 2,300 páginas que es un dolor de cabeza para Wall Street, apunta especialmente a los bancos considerados "demasiado grandes como para quebrar".

Se trata de entidades que si quiebran, desatarían un sismo en el sistema financiero que requeriría hasta un rescate con fondos públicos.

Tras varias demoras y a pesar del intenso cabildeo de Wall Street, se empezó a aplicar una norma clave, la llamada regla Volcker, que prohíbe a los bancos especular por cuenta propia. Esa regla estaba en la mira de Trump.

La ley que debe su nombre a los legisladores demócratas Barney Frank y Chris Dodd tuvo varios retrasos y no ha sido aplicada totalmente.

Los republicanos ya le habían propinado esta semana un primer golpe a esa ley. Derogaron una norma que obligaba a las petroleras y mineras a divulgar la cantidad de dinero vertida en el exterior como forma de evitar acusaciones de corrupción.