•   Orinoca, Bolivia  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

La obra más emblemática y polémica del presidente de Bolivia, Evo Morales, luce en una de las colinas más altas de Orinoca, un pueblo asentado en medio de arena y paja que tiene pocas calles, un viejo templo católico y una carretera recién asfaltada.

Con una superficie de 3,858 metros cuadrados, el Museo de la Revolución Democrática Cultural acaba de abrir sus puertas. Sus principales fondos son alrededor de 13,000 regalos que el mandatario boliviano recibió a lo largo de sus 11 años de gobierno. Construirlo costó unos 50 millones de bolivianos (7.1 millones de dólares) que corrieron a cargo del Tesoro General de la Nación.

“Este pueblo tenía techos de paja y calles de tierra cuando lo conocí durante la campaña electoral de 2005. Ahora hay techos de calamina (placas de zinc), nuevas edificaciones y camino con asfalto”, cuenta el fotoperiodista David Mercado sobre el lugar donde nació Morales.

Durante la inauguración, al propio Morales se le saltaron las lágrimas, pero también aprovechó para justificar el uso de recursos estatales y arremeter contra sus detractores. “No quieren que estén guardados en un museo nuestros conocimientos milenarios. Esa es la bronca que tiene la derecha (política)”, declaró.

“Escuché a gente protestando por el museo; ellos siempre buscan ocultar y que no se sepa cuál es la lucha de nuestros pueblos milenarios”, añadió el mandatario. Y es que según explicó la curadora Leonor Valdivia, “no es un museo de los regalos, como se quiere hacer ver”. El objetivo, apuntó, es poner la donación del presidente “en el contexto de las luchas indígenas, de las que sale Evo”.

Esta moderna edificación situada en una desolada planicie tiene tres bloques: el bloque “Inchura” se asemeja a un puma andino, el “Sullca” a una llama y el bloque “Collana” a un quirquincho. La consultora “Cine Nómada”, del cineasta Juan Carlos Valdivia, se encargó de la museografía del centro, que se ubica a unos 417 kilómetros al sudoeste de La Paz y seis horas de viaje por carretera asfaltada. Estatua de Evo Morales, el último regalo que llegó al museo.

Recorrer las salas del museo de Evo Morales lleva unos 90 minutos. En ellas, el visitante se encuentra desde una colección de ponchos y gorros andinos a diversidad de artesanías, joyería, platería, tallados en madera fina y metales preciosos, trofeos, medallas, camisetas deportivas, libros, fotografías y videos del mandatario.

También se muestran réplicas de los primeros asentamientos humanos en el altiplano boliviano y en las tierras bajas del este de Bolivia. Además, unas láminas informativas contextualizan las luchas indígenas desde Túpac Katari hasta el 22 de enero de 2006, cuando Evo Morales asumió la presidencia de una nación con un 60 por ciento de habitantes con raíces indígenas.

“Es una de las museografías mejor resueltas del país. El museo cuenta con un guión museográfico de primera calidad y no es un culto al ego, como se dijo reiteradas veces”, comentó la experta en arte Pilar Contreras. Sin embargo, no todos opinan igual.

“Una exposición discreta hubiera sido un complemento ideal para quienes se interesan en los orígenes del presidente indígena; un megaedificio de dudoso valor arquitectónico es una estridencia que en realidad va contra la imagen del mandatario y el llamado proceso de cambio”, criticó el operador de turismo Agustín Echalar.

Del pasado de Evo se muestran un par de abarcas de niño, la trompeta de cuando era músico en la banda Real Imperial que dirigía su cuñado, una “radio canchera” donde escuchaba informativos y relatos de partidos de fútbol. En un marco se exhibe la “chompa a rayas horizontales” (pullover) que lució en su gira por Europa tras ganar en las urnas el 18 de diciembre de 2005. El último regalo fue de la alcaldesa del municipio de Escara, Betty Zenteno: una estatua a tamaño real del propio Evo Morales.

Unas 12 personas trabajan en el museo, entre guías, curadores y consultores. El presupuesto anual será de medio millón de bolivianos (71,839 dólares) para el funcionamiento del centro de documentación, biblioteca y sala de exposiciones. Se pretende que dentro de cinco años sea independiente, anticipó la nueva ministra de Culturas y Turismo, Wilma Alanoca.

Orinoca tiene 638 habitantes y 243 viviendas. Solo 77 tienen servicio de agua potable y 12 cuentan con alcantarillado sanitario, según el censo de población y vivienda que elaboró el Instituto Nacional de Estadística (INE). Allí, en la comunidad Isallavi, nació Morales el 26 de octubre de 1959.

“Antes no había agua potable, todos tomábamos agua de los pozos. No había luz, nos alumbrábamos con mecheros o velas. No había ni una garrafa de gas licuado de petróleo. Cada domingo buscábamos leña en el campo para cocinar. Con el hermano Evo ahora tenemos luz, agua, alcantarillado, cancha con césped sintético, coliseo y museo”, relató el gobernador del departamento de Oruro, Víctor Hugo Vásquez, oriundo del ayllu Sullka, el mismo de Evo.

El día inaugural del museo, Evo Morales no tenía la compañía de sus hermanos Hugo y Esther, ni de sus hijos Evaliz y Álvaro. Estaba rodeado de sus recuerdos y de su nueva familia: los masistas, militantes de su partido político, el Movimiento Al Socialismo (MAS). La jornada se convirtió en plataforma de lanzamiento de la campaña electoral “Evo 2020-2025”.