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Miles de soldados y policías iraquíes lanzaron ayer la ofensiva para arrebatar el oeste de Mosul al grupo yihadista Estado Islámico, mientras las organizaciones humanitarias se preocupan por la suerte de los 750,000 civiles atrapados en la zona.

La operación comenzó a primera hora de la mañana y permitió la toma de una decena de pueblos al sur de Mosul, en el camino que lleva al aeropuerto, uno de los principales objetivos de las tropas gubernamentales.

Cerca de la línea de frente, en las colinas peladas de Al Buseif y a apenas cinco kilómetros del aeropuerto, podían verse intensos bombardeos y fuego de artillería, constató una periodista de la AFP.

"De momento, hemos alcanzado todos nuestros objetivos. Hemos destruido al menos dos coches bomba y matado a más de 20 yihadistas", dijo el general Abas al Juburi, comandante de la Fuerza de Intervención Rápida, clave en la lucha contra el EI.

Más refugiados

La violencia de los combates que se anuncian preocupa a la ONU, que lanzó "una carrera contrarreloj" para montar nuevos campamentos, ante la posibilidad de que la nueva ofensiva provoque la huida de parte de la población.

La oenegé Save The Children llamó, por su parte, a las fuerzas iraquíes a hacer "todo lo necesario para proteger" a los 350,000 niños atrapados en el oeste de Mosul en Irak.

"Los niños se encuentran ante una elección macabra: las bombas, los combates y el hambre si se quedan o las ejecuciones y los disparos de francotiradores si intentan huir", afirmó Maurizio Crivallero, director en Irak de la oenegé.

Cercado en su último gran bastión en Irak, el EI opone desde el 17 de octubre una feroz resistencia para defender Mosul, donde su líder Abu Bakr al Bagdadi proclamó un "califato" en junio de 2014.