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El secretario de Estado de EE. UU., Rex Tillerson, inicia hoy su primera gira internacional con la complicada misión de desarrollar una estrategia frente a Corea del Norte que convenza a Tokio y Seúl sin perturbar a China, irritada por el despliegue estadounidense de un escudo antimisiles.

El viaje a Japón, Corea del Sur y China es una prueba de fuego para Tillerson, que en sus menos de dos meses como titular de Exteriores ha dado la impresión de estar marginado por la Casa Blanca de Donald Trump, decidida a dirigir la política exterior y a reducir a la mínima potencia la labor del Departamento de Estado.

La delicada diplomacia en torno a Corea del Norte, que sigue retando a la comunidad internacional con sus pruebas con misiles balísticos, será el núcleo de la gira, en la que Tillerson quiere explorar “alternativas” a la estrategia actual, según su oficina.

“Una parte importante de las conversaciones se centrará en definir los elementos de un nuevo enfoque” contra Corea del Norte, dijo a los periodistas este lunes la secretaria adjunta de Estado en funciones de EE. UU. para Asuntos de Asia Oriental, Susan Thornton.

Washington ha evitado definir claramente los elementos de esa nueva táctica, pero ha sugerido que quiere asegurarse de que las sanciones existentes contra Corea del Norte se implementan estrictamente, con el fin de constreñir los recursos del régimen.

Tillerson llegará hoy a Japón y se espera que el jueves se reúna con el primer ministro nipón, Shinzo Abe, quien se ha acercado sin tapujos al gobierno de Trump.

El viernes visitará Corea del Sur, un país inmerso en una crisis política tras la destitución este mes de la presidenta surcoreana Park Geun-hye, debido a un caso de corrupción, y se encontrará con el mandatario en funciones, Hwang Kyo-ahn, y el titular de Exteriores surcoreano, Yun Byung-se.

Delicada relación con China

Su cometido más delicado llegará el sábado en Pekín, donde se entrevistará con el presidente chino, Xi Jinping; con el primer ministro chino, Li Keqiang; con el consejero de Estado chino, Yang Jiechi, y con el ministro de Exteriores, Wang Yi.

Parte de las reuniones se centrarán en preparar el próximo viaje de Xi a Estados Unidos para reunirse con Trump, quien quiere recibirle pronto en su lujoso club de Mar-a-Lago (Florida).

La relación entre Pekín y el gobierno de Trump comenzó con mal pie en diciembre, cuando el entonces presidente electo habló por teléfono con la presidenta de Taiwán, y empeoró cuando el magnate cuestionó que fuera a respetar la política de “una sola China” que ha guiado la relación bilateral durante más de cuatro décadas.

A ello se ha sumado el inicio este mes del despliegue del escudo antimisiles THAAD (Terminal High Altitude Area Defense, en inglés) que Estados Unidos ha comenzado a instalar en Corea del Sur.

Washington y Seúl aseguran necesitar ese sistema para defenderse de Corea del Norte, aunque China y Rusia han protestado porque el radio de alcance del armamento desplegado por el futuro THAAD también llega a parte de sus territorios.

China ha pedido a EE. UU. que detenga el despliegue del escudo y ha advertido de que adoptará las “medidas necesarias” para proteger sus intereses, pero Washington sigue firme en su postura.