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  • AFP

Los dos grandes atentados que ha sufrido Irak en los tres últimos días dejaron 61 personas muertas y una inquietud creciente sobre la seguridad en el país, justo cuando las fuerzas estadounidenses preparan su retirada. En Washington, la Casa Blanca descarta que esta oleada tenga que ver con la decisión del nuevo presidente Barack Obama de retirar la gran mayoría de las tropas antes de agosto de 2010.

Un portavoz militar estadounidense en Bagdad se pronunció en la misma línea y descartó que hayan sido complacientes. "De ningún modo estamos siendo complacientes. Sabemos que hay grupos como Al Qaida, cuya capacidad y efectivos se han reducido, pero que están desesperados por mantener su importancia en Irak".

Los llamamientos diarios a la reconciliación que hace el gobierno de mayoría chiita han sido rechazados por los partidarios de Saddam Hussein, unidos bajo la bandera del ilegalizado partido Baas y dispuestos a seguir peleando. Como prueba, valga el atentado del martes contra líderes tribales que participaban en un acto de reconciliación en Abu Ghraib, en las afueras de Bagdad, y en el que murieron 33 personas, entre ellas soldados y periodistas, e hiriendo a 46.

Tres días antes, el domingo, un kamikaze en bicicleta mató a 28 personas e hirió a 56 a las puertas de una academia de policía de Bagdad, en una zona muy protegida. Este atentado tuvo lugar unas horas antes del anuncio de que 12.000 soldados estadounidenses más volverán a sus casas antes de septiembre. Los 4.000 soldados del destacamento británico en el sur del país empezarán a retirarse el 31 de marzo.

"La reducción es posible gracias al mayor nivel de seguridad y estabilidad alcanzado por Irak en los últimos 12 meses", justificó el ejército estadounidense en un comunicado. Actualmente hay unos 140.000 militares estadounidenses en Irak, unos 20.000 menos que en 2007, cuando alcanzaron su número máximo en la gran ofensiva contra los rebeldes y Al Qaida. Aquel año, 17.430 iraquíes murieron en actos de violencia.

El portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, admitió que persisten los desafíos, pero que nunca hubiera decidido retirarse si Irak corriera "peligro" de volver a los peores años de violencia. Cuando se le preguntó si los últimos atentados pueden servir de estímulo a los rebeldes, Gibbs respondió "no", precisando que no contaba con información de los servicios de inteligencia que apuntase a ello.

Estados Unidos comprometido con seguridad en Irak
"Sé que el presidente y el equipo están comprometidos con el objetivo de un Irak estable y seguro, que salga adelante, y seguiremos estudiando continuamente" la situación, manifestó Gibbs. El comandante de las tropas estadounidenses en Irak, el general Ray Odierno, estimó el domingo que "el momento y las condiciones" para empezar a retirarse "son correctas". "Las exitosas elecciones provinciales" del 31 de enero "demostraron la capacidad de garantizar la seguridad del ejército y la policía iraquí".

En conjunto, la seguridad ha mejorado mucho desde finales de 2007, pero los atentados siguen siendo corrientes. Según cifras de las autoridades iraquíes, 258 iraquíes murieron el mes pasado, lo que supone un aumento respecto de los 191 fallecidos en enero, que fue el mes con menos muertos por la violencia en Irak desde la invasión de marzo de 2003. En 2008, murieron 6.772 iraquíes.