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Vestidos de blanco, miles de opositores venezolanos se movilizaron ayer sin inconvenientes hacia la Conferencia Episcopal en una “marcha del silencio”, tras el recrudecimiento de la violencia que dejó 20 muertos en tres semanas de protestas contra el gobierno de Nicolás Maduro.

En medio de un amplio despliegue de seguridad, un grupo llegó primero con una gran bandera venezolana a la sede de la institución eclesiástica en Caracas --considerada por el gobierno como un “actor político” opositor--, donde un sacerdote y un pastor evangélico rezaron en un altar improvisado en la parte de atrás de una camioneta y usando un megáfono.

Otras marchas llegaban de otros puntos de la ciudad, luego que la oposición lograra negociar con las fuerzas del orden que abrieran el paso y les permitieran llegar a su destino.

Hubo solo un corto enfrentamiento en el este de Caracas, donde la policía usó bombas para impedir el paso de una de las marchas.

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Muchos manifestantes llevaban camisetas blancas con la palabra “PAZ” en letras negras, banderas y gorras con los colores patrios, flores blancas, uno incluso lideraba una de las procesiones con una gigantesca cruz de madera y una bandera colgada.

El silencio era a veces interrumpido en el recorrido por el himno venezolano, un rosario o un aplauso en honor a “los caídos” en estos 21 días de protesta.

Manifestaciones similares se realizaban en otras ciudades como Maracaibo, Barquisimeto y San Cristóbal, en el oeste del país.

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