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  • EFE

El presidente Donald Trump recibe este miércoles al jefe de la diplomacia rusa Serguei Lavrov, quien busca apoyo a un plan sobre Siria, mientras una tormenta política puso de relieve la supuesta intromisión rusa en las elecciones de Estados Unidos.

La visita de Lavrov se centra en la propuesta rusa de un plan de descalamiento en la guerra civil en Siria, pero tiene lugar un día después de que el presidente conmocionara a Washington al despedir al jefe del FBI, James Comey, en medio de una investigación sobre si asistentes de campaña de Trump se coludieron con Rusia para influir en las elecciones.

El despido del jefe de la policía federal enfureció a los demócratas, que exigieron que la investigación sobre la supuesta injerencia rusa pase a manos de una comisón legislativa o de un investigador independiente.

La controversia puede complicar la misión de Lavrov, quien busca apoyo estadounidense para un plan ruso de crear zonas de seguridad en Siria.

"Al igual que nosotros, los estadounidenses necesitan esta reunión", declaró Lavrov a la televisión rusa.

En tanto, el presidente Vladimir Putin se reunió el miércoles en Moscú con su consejo de seguridad para discutir sobre las relaciones con Estados Unidos, en el contexto de la visita de Lavrov a Trump, dijo el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, a la agencia noticiosa RIA Novosti.

Lavrov primero se reunió este miércoles en Washington con el secretario de Estado, Rex Tillerson, y luego iría a la Casa Blanca a hablar con Trump.

"Deseo dar la bienvenida al ministro de Relaciones Exteriores al Departamento de Estado y expresar mi aprecio a él por hacer el viaje a Washington, lo que permite que continuemos nuestro diálogo y nuestros intercambios que comenzaron en Moscú", dijo Tillerson a los periodistas.

El canciller ruso, quien estuvo en Washington por última vez en agosto de 2013, es el funcionario ruso de mayor nivel que se reúne con Trump desde que éste asumió el poder en enero.

Las relaciones entre estos viejos enemigos de la Guerra Fría se deterioraron bajo el gobierno de Barack Obama tras la anexión de Crimea por parte de Rusia en 2014 y su firme apoyo al presidente sirio Bashar al-Asad.

Desde marzo de 2011, el conflicto sirio ha dejado más de 320.000 muertos y ha forzado a millones de refugiados a escapar. Ni Washington, que apoya a la oposición siria, ni Moscú, que apoya al régimen, han logrado encontrar una solución al conflicto.

Después del fin del mandato de Obama en enero, Estados Unidos se ha retirado gradualmente del proceso diplomático, dejando a Rusia el liderazgo.

Estados Unidos no tomó parte de un acuerdo logrado por Rusia e Irán, que apoyan al gobierno sirio, y por Turquía, que respalda a los rebeldes, firmado el pasado jueves en la capital kazaja de Astaná para establecer zonas de seguridad en Siria.

El acuerdo establece la creación de cuatro "zonas de distensión" para un alto al fuego, prohíbe los vuelos y autoriza la entrega de ayuda humanitaria.

Washington ha dado una escéptica bienvenida al plan, citando preocupaciones por el papel de garante de Irán, aunque ha expresado su confianza en que el acuerdo siente las bases para un posterior arreglo.

"Vamos a observar la proposición y ver si funciona", dijo el lunes el jefe del Pentágono, Jim Mattis.

Varios altos al fuego han sido acordados desde que estalló el conflicto sirio, pero todos han fracasado en conseguir en terminar permanentemente los combates.

En los últimos seis años, Moscú y Washington han tenido controversias varias veces sobre el conflicto en Siria, en particular sobre el destino de Asad.

La llegada de Trump a la Casa Blanca no ha conducido a un acercamiento con Rusia e incluso a comienzos de abril Estados Unidos lanzó un ataque contra el régimen sirio en represalia por el supuesto uso de armas químicas.

Sobre Ucrania, el Departamento de Estado dijo que "ambas partes discutirán sobre la necesidad de detener la violencia en el este de Ucrania y resolver el conflicto a través de la plena implementación de los acuerdos de Minsk".

Los diplomáticos ruso y estadounidense se verán nuevamente el jueves en Fairbanks, Alaska, en una reunión del Consejo Ártico, un foro intergubernamental para cooperación en medio ambiente, petróleo y minería, navegación, pesca y turismo.

El Consejo congrega a ocho países con costa en el Océano Ártico: Canadá, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, Suecia, Rusia y Estados Unidos.