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Donald Trump pasó la jornada del miércoles defendiendo el despido del director del FBI James Comey, algo que según el mandatario estadounidense no tiene nada que ver con la investigación de la Policía federal sobre una posible colusión con Rusia.

La Casa Blanca rechazó los llamados de la oposición demócrata a la designación de un fiscal especial para supervisar la investigación sobre la presunta injerencia rusa en la campaña presidencial estadounidense.

“No pensamos que eso sea necesario”, dijo Sarah Huckabee Sanders, portavoz de Trump, al ser consultada sobre esos reclamos.

“No hay evidencia de colusión entre la campaña de Trump y Rusia”, dijo, y recordó que hay investigaciones en curso tanto en el FBI como en el Senado.

La decisión del martes de Trump de despedir a Comey provocó un terremoto político e hizo que inmediatamente se comparara el caso con el escándalo del Watergate, que condujo a la renuncia de Richard Nixon en 1974.

Interrogado por la prensa en la Sala Oval, el miércoles, Trump dijo que Comey “no hacía un buen trabajo”.

Justo un día después de despedir a Comey, Trump recibió en la Casa Blanca al jefe de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov.

“El presidente Trump manifestó su interés en poner en vigor relaciones de trabajo pragmáticas y mutuamente beneficiosas” con Rusia, declaró luego Lavrov, quien tachó de “invención” los alegatos de la injerencia rusa en los comicios de Estados Unidos.

 Excusas risibles 

El senador demócrata Richard Blumenthal, quien había hablado en las cadenas de televisión sobre una “posible crisis constitucional” afirmó que las razones que dio el Gobierno para echar a Comey eran “risibles”.

Durante la gestión de Comey, el FBI estaba investigando si existió una colusión entre el comité de campaña de Trump y Rusia para beneficiar al aspirante republicano.

El ahora exdirector del FBI había molestado a ambos partidos: a los republicanos, por cerrar la investigación contra la candidata demócrata, Hillary Clinton; y a los demócratas al reabrir esa misma investigación antes de la elección.

Los demócratas —y algunos republicanos— ven en la decisión de deshacerse de Comey un intento de poner fin a la investigación del FBI sobre las relaciones del equipo de Trump con altos funcionarios rusos.

“Esa explicación busca tapar una verdad indiscutible: el presidente despidió al director del FBI en medio de una de las más importantes investigaciones de seguridad nacional en la historia de nuestro país”, afirmó el senador por Vermont Patrick Leahy.