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La voluntad de Luiz Inácio Lula da Silva de competir de nuevo por la Presidencia de Brasil en medio de un escándalo de corrupción sin precedentes contribuye a alimentar la tensión política cuando se cumple un año de la destitución de Dilma Rousseff y el ascenso al poder de Michel Temer.

En un tono conciliador, Temer, que mañana cumplirá su primer aniversario en la Presidencia de Brasil, llamó hoy a la "pacificación entre los brasileños" y a eliminar "una cierta rabia existente entre los sectores de la sociedad".

Prácticamente el mismo mensaje que lanzó el miércoles, poco antes de que se produjera el primer encuentro cara a cara entre Lula y Sergio Moro, el juez estrella que dirige desde Curitiba las investigaciones sobre Petrobras en el mayor escándalo de corrupción de la historia de Brasil.

El cara a cara terminó convertido en un acto de marcado sesgo político que evidenció la crispación social del país.

Miles de simpatizantes del Partido de los Trabajadores (PT) tomaron las calles de Curitiba, capital del sureño estado de Paraná, para apoyar al expresidente, mientras que sus detractores expresaban su respaldo a Moro en una ciudad vigilada por más de 3,000 policías.

Durante cerca de cinco horas, Lula respondió a las preguntas del juez sobre la propiedad de un tríplex en Guarujá (en la costa de Sao Paulo) que según la acusación fue un regalo que el expresidente recibió de la constructora OAS a cambio de favores políticos y que, de acuerdo con la defensa, nunca le perteneció.


Los abogados de Lula consideraron que la citación de Moro respondió a una "escena política" y que demostró la "inocencia" de su cliente.

"Lejos de probar un delito, quedó demostrado que el apartamento no pertenece, nunca perteneció y nunca fue usado por el presidente Lula ni sus familiares", según el abogado José Roberto Batochio.

En sus respuestas, de acuerdo con los vídeos divulgados anoche por la Justicia, el expresidente rechazó cualquier vínculo con delitos de corrupción, pese a que está imputado en cinco causas.

Lula no arrojó ninguna luz sobre la investigación, aunque destapó una nueva estrategia en su defensa: las alusiones a su esposa, Marisa Leticia, fallecida el pasado febrero.

Una reacción que no ha pasado desapercibida para los fiscales que investigan la operación Lava Jato, como Carlos Fernando dos Santos Lima, quien hoy declaró que se sintió "triste" cuando escuchó al expresidente atribuir a su esposa la intención de adquirir el apartamento en Guarujá.

"En general, no vi ninguna consistencia en las alegaciones (de Lula). Infelizmente, las afirmaciones sobre doña Marisa responsabilizándola por todo son un tanto tristes porque, como dijo el expresidente, ella no está aquí para defenderse", señaló hoy el fiscal.

Lula, que podría terminar como reo de otras seis causas vinculadas con delitos de corrupción si prospera una solicitud de la Corte Suprema, logró convertir su cita con la Justicia en un acto político en el que formalizó su intención de convertirse de nuevo en candidato a la Presidencia.

"Estoy vivo y preparándome para volver a ser candidato a la Presidencia de la República", dijo quien fuera presidente de Brasil entre 2003 y 2010.

Ante miles de simpatizantes que abarrotaron el centro de Curitiba, Lula aprovechó para insistir en que se considera una víctima y que la supuesta persecución en su contra se debe a los logros de su gestión presidencial.

"Nunca antes en la historia de Brasil alguien fue tan perseguido y masacrado", denunció Lula, arropado por la expresidenta Dilma Rousseff, su sucesora y ahijada política.

Rousseff cargó contra el "Gobierno golpista" de Temer, quien llegó al poder de la mano de Lula, como vicepresidente de Rousseff, y fue después uno de los impulsores del proceso que terminó en su caída.

Luiz Inacio Lula Da Silva. EFE/ENDTemer, del poderoso Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), asumió la Presidencia el 12 de mayo del pasado año de forma temporal hasta que en agosto el Congreso confirmó la destitución de Rousseff y le ratificó en el cargo.

En su primer año de Gobierno, Temer ha tenido que relevar a varios de sus ministros por corrupción, su propio nombre aparece mencionado en varias de las delaciones de implicados en el escándalo de Petrobras y no ha logrado remontar su popularidad en las encuestas.

El presidente está volcado en sacar adelante un plan de ajuste y reformas estructurales -como la reforma laboral y del sistema de pensiones- y no se plantea volver a competir por la Presidencia.

Un planteamiento muy diferente al de Lula, que a pesar de los escándalos de corrupción que le salpican, es el político mejor valorado y con más posibilidades según las encuestas.

"Estoy con más ganas que nunca (de ser candidato)", dijo anoche Lula. La Justicia tiene la última palabra.