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El principal líder de la oposición paquistaní, Nawaz Sharif, desafió hoy el arresto domiciliario que le impuso el gobierno al salir de su casa para reunirse con miles de sus seguidores, a los que llamó a manifestarse mañana en Islamabad. Este golpe de efecto del ex primer ministro, que encabeza ahora un movimiento de protesta contra el presidente Asif Ali Zardari, debilita aún más a un gobierno civil, en el poder desde hace un año, que parece haber perdido el control sobre la oposición.

Una muchedumbre de manifestantes, en una larga caravana de autobuses y coches, partió por la noche de Lahore, feudo de la familia Sharif en el este de Pakistán, camino de Islamabad, tras haber apartado con grúas los contenedores que les obstaculizaban la salida de la ciudad. Puesto bajo arresto domiciliario de tres días en Lahore, Nawaz Sharif, salió de su mansión para calificar de "ilegal" esta medida y llamar a sus seguidores a acompañarlo hasta Islamabad. "Únanse a mí. Abandono mi casa. Ha llegado la hora de caminar de la mano", afirmó antes de salir en su todo terreno, escoltado por guardias. Lo aclamó un inmenso cortejo formado por unas 10.000 personas, según los servicios de inteligencia.

"Es un momento de oro en la historia de Pakistán. Es el preludio de una revolución", aseguró en una entrevista telefónica con la cadena de televisión privada Geo, en la que afirmó querer "salvar a Pakistán". Con anterioridad estallaron disturbios en Lahore cuando la policía intentó dispersar a los manifestantes con granadas lacrimógenas. Una decena de personas resultaron heridas.

Los abogados y los partidos de la oposición esperan congregar mañana en Islamabad a decenas de miles de manifestantes para reclamar la reincorporación en sus cargos de los jueces destituidos en 2007 por el régimen militar de Pervez Musharraf, entre ellos el ex presidente de la Corte Suprema, Muhammad Iftikhar Chaudhry. La capital parece un campo atrincherado, con contenedores en todos sus accesos y en la avenida que lleva a la presidencia.

Manifestantes desafían a la policía
Visiblemente desbordado, el gobierno intentó sofocar la protesta, deteniendo a más de un millar de opositores, prohibiendo las manifestaciones y levantando barricadas en todo el país. Pero estas medidas no hicieron más que reforzar la determinación de los manifestantes y los jueces destituidos se convirtieron en símbolos de independencia de la justicia y de la democracia. "Es una situación rayana con la anarquía. El gobierno perdió su credibilidad", estimó Jaffer Ahmed, investigador de la universidad de Karachi. "Es la primera vez en la historia del país que los manifestantes desafían abiertamente a la policía desplazando estas enormes barricadas", recalcó.

Los aliados occidentales de Pakistán, empezando por Washington, intentaron presionar al gobierno para que halle una solución negociada a la crisis en este país, una potencia nuclear musulmana y foco de terrorismo islamista dirigido por el ejército durante casi la mitad de sus 62 años de existencia.