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Para frenar la corrupción y el delito, las autoridades de Camden reformaron la Policía y con esto las estadísticas de crímenes cayeron y se convirtió en ejemplo de una mejor vigilancia policial, cuando otras ciudades del país enfrentaban disturbios raciales y acusaciones de racismo contra los agentes del orden por la muerte de hombres negros.

Pero en momentos en que el gobierno de Donald Trump retira el apoyo federal a reformas policiales similares en otras ciudades, y con Camden aún como la ciudad más peligrosa de Nueva Jersey, varios activistas creen que los problemas son demasiado profundos como para resolverse solo con un mejor patrullaje.

“Hacen lo que tienen que hacer”, concede Marylyn Santiago, con 32 años, tres hijos y que vive de un subsidio por discapacidad, mientras apunta con la cabeza a tres policías uniformados patrullando su cuadra llena de basura.

“Ha mejorado”, pero la situación del crimen hoy en día es aún “terrible”, dice.

Camden es una pequeña ciudad de menos de 80,000 personas, cruzando el río Delaware desde Filadelfia. Sobresalen sus estadísticas de delitos proporcionalmente a su población. La mayoría de sus habitantes son hispanos y negros, y un 40% vive en la pobreza.

Hoy, la heroína y la epidemia de opiáceos son el mayor problema. Las 41 sobredosis fatales de este año representan un 41% más que las 29 de todo 2014.

“PROFESIONAL EN TODO MOMENTO”

El cambio llegó hace cuatro años, cuando la fuerza policial de la ciudad fue desmantelada y se organizó un nuevo departamento. Hubo agentes despedidos, se contrataron reemplazos y el jefe de policía, Scott Thomson, inundó la ciudad del sur de Nueva Jersey con patrullas a pie.

Operando con un presupuesto anual de 66 millones de dólares, los agentes llevan cámaras de video en su uniforme, se instalaron cámaras en las calles y sensores que dan cuenta de disparos en segundos.

Los resultados fueron inmediatos. La tasa de homicidios cayó de 67 en 2012 a 33 en 2014, y a solo cinco en lo que va de este año, aunque subió en 2016 a 44.

Las denuncias de excesiva fuerza policial también han caído de 65 en 2014 a 31 en 2016 y a solo siete este año.

Los agentes en patrulla dicen que son bien recibidos por los residentes y temidos por los traficantes de droga y criminales, muchos de los cuales se han ido de la ciudad o están en la cárcel.

“Obviamente lo que hay que destacar aquí es ser profesional en todo momento, no importa lo que suceda”, dice el agente Louis Sánchez, de 47 años.

Sánchez, cuya madre vive en Camden, explica una filosofía en la cual la Policía intenta trabajar más estrechamente con la comunidad, tratar de no ser demasiado agresivo, pero afirma que ningún delito es demasiado pequeño como para dejarlo pasar.

“Uno deja pasar cosas y comienzan a crecer”, afirma, aunque multar a la gente no es necesariamente la respuesta.

“La manera en que vemos esto es que a veces la persona no puede comprar ese farol delantero, porque ¿sabes qué? Viven salario a salario”.

SIN AYUDA

Gwendolyn Cook, una capellana policial que dirige un programa para chicas adolescentes y que considera a Thomson un héroe, asegura que inclusive niños de apenas 12 años son seducidos por una vida criminal porque no hay empleos, educación ni oportunidades. Reducciones impositivas alientan a empresas a invertir en el área, pero muchos se quejan de que las oportunidades de empleo son pocas.

“Pueden traer a 1,000 agentes más, pero si estos afroestadounidenses e hispanos en Camden no tienen trabajo (...) eso no va a modificar el crimen”, sostiene Cook.

Recuerda a una joven de 16 años que asesinó a un chico de 14 como parte de la iniciación a una pandilla, y recibió una sentencia de 30 años de cárcel.

Ella y su marido intentaron ayudar a una madre soltera preocupada porque su hijo de 14 años estaba involucrándose en drogas, pero no pudieron conseguir una carta de recomendación para un programa para chicos con problemas de comportamiento porque el joven carecía de antecedentes penales.

Luego fue hallado con 10 bolsas de heroína en un bolsillo. Tres semanas más tarde fue arrestado por asalto a mano armada. “Ahora está preso”, dice a la AFP. “Uno quiere salvarlos, pero no puedes obtener la ayuda que precisas para salvarlos”, agrega.

Darnell Hardwick, presidente del grupo de derechos humanos NAACP del condado de Camden, cree que hay tantos tiroteos como antes, solo que hay menos muertos, en parte porque la Policía ahora traslada ella misma a los heridos al hospital en vez de esperar que llegue una ambulancia.

También se queja de que demasiados agentes vienen de otros suburbios y son más blancos que el resto de la población.

“Nuestro problema es que muchas de estas personas no viven en la ciudad”, dice. “Se van a lugares donde hay menos crimen y donde pueden hacer más dinero”.

“Han limpiado las calles, pero el sistema es un caos”, lamenta Santiago. “Vivimos en un área que es una m...”.