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  • EFE

Un ciberataque, que se trata de una variante del virus informático "Petya", afectó hoy de forma masiva a decenas de grandes empresas e instituciones europeas, principalmente en Rusia y Ucrania, en un ciberataque similar al que sufrieron hace un mes 200,000 usuarios en 150 países.

"Petya" es "un virus similar a 'WannaCry' (responsables del ataque de mayo), que bloquea los ordenadores y exige el pago de 300 dólares en bitcoines", informó en un comunicado la compañía de ciberseguridad rusa Group-IB.

La también rusa Laboratorio Kaspersky, una de las grandes multinacionales en el ámbito de la ciberseguridad, advirtió de que el virus ya se ha extendido por todo el mundo.

"Se trata de un troyano que se expande de forma autónoma, al igual que el 'WannaCry'", explicó el jefe de la unidad de investigación internacional de la compañía, Costin Raiu, quien dijo que aún es pronto para identificar el programa, toda vez que usa "un sistema de contagio" distinto al de "Petya".

Ucrania ha sido, con diferencia, el país más dañado por el ataque informático y sus autoridades no han tardado en responsabilizar de todo a Moscú, pese a que entre las víctimas del programa hay varias empresas estatales y bancos rusos.

"No hay ninguna duda de que Rusia está detrás de todo esto porque a día de hoy así es como se hace la guerra híbrida", dijo a una cadena de televisión local Zorián Shkiriak, consejero del ministro de Interior ucraniano, Arsén Avákov.

Entre los afectados en Ucrania están las redes informáticas del Gobierno ucraniano, el Ayuntamiento de Kiev, decenas de entidades bancarias estatales y privadas, sistemas de transporte público, medios de comunicación y empresas de telecomunicaciones.

El departamento de delitos informáticos de la Policía Nacional de Ucrania ha recogido más de 200 denuncias de instituciones públicas, empresas y usuarios particulares.

"Los bancos ucranianos tienen dificultades para dar servicio a los clientes y ejecutar operaciones", admitió el Banco Central. Pese al alcance del ataque, los sistemas de infraestructuras vitales del país no han resultado dañados, afirmó el primer ministro ucraniano, Vladímir Groysman.