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  • AFP

La célula yihadista responsable de los atentados en Cataluña parece haberse formado en torno a un gurú al estilo de una secta, lo que le permitió, según expertos, escapar a la vigilancia policial evitando la utilización de las nuevas tecnologías.

Los presuntos miembros de la célula no despertaron sospechas mientras planificaban atentados. Incluso una explosión en su guarida en la población catalana de Alcanar, donde concentraban más de un centenar de bombonas de gas y litros de acetona no llamó en un primer momento la atención de la policía catalana.

La principal razón es la manera como se formó la célula, coinciden los expertos.

"Las técnicas de propaganda y captación" de sus miembros "corresponden al reclutamiento de una secta", estima la analista Lurdes Vidal, directora del Instituto Europeo del Mediterráneo.

Dichas técnicas consisten en jugar "el papel de la familia, encerrar el grupo en sí mismo y evitar cualquier salida del grupo", explica.

En el núcleo del grupo, "hay un personaje central que los reúne, que provee respuestas salafistas a la pérdida de puntos de referencia de los jóvenes", dice Alain Rodier, un ex funcionario francés de inteligencia.

El personaje clave en este caso es el imán marroquí Abdelbaki Es Satty, muerto en la explosión de la vivienda de Alcanar provocada por los mismos yihadistas.

El imán podría haber mostrado dos caras en el pueblo de Ripoll, donde vivían él y la mayoría de los sospechosos, señala Alberto Bueno, miembro del español Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo.

"Mostraba una cara cuando predicaba y la otra con función de radicalización", dice Bueno. "El imán radicalizador se ayudó con las relaciones interpersonales, con los hermanos, en que facilitaron ese proceso para la conformación de la célula", agrega el investigador de la universidad de Granada (sur).

Integrado por hermanos, amigos o vecinos, el grupo funcionaba como un "círculo cerrado, donde todas las personas se conocían", a semejanza de las células que perpetraron los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos o el 11 de marzo de 2004 en Madrid, explica Yves Trotignon, ex miembro especializado en terrorismo de los servicios franceses de inteligencia (DGSE).

 

Los expertos españoles ya sabían antes de estos ataques que "en España se privilegian las familias. 'uno no traiciona a su hermano'", dice Alain Rodier. Así el adoctrinamiento se facilita, subraya.

Radicalización cara a cara

Su radicalización fue "'offline' [sin internet], con contactos directos, cara a cara, a lo largo de los meses", estima Alberto Bueno. Este tipo de relación hizo imposible cualquier detección, a su juicio.

Así evadieron la vigilancia policial de las redes sociales, para detectar signos de radicalización.

"Este modelo clásico, con personas que se conocen y un gurú que acompaña el desarrollo de la célula data de hace unos 15 o 20 años", dice Alain Rodier, poniendo como ejemplos las redes argelinas de los años 90, los ataques en Madrid en 2004 y los de Londres en 2005.

Los expertos también subrayan la juventud de la mayor parte de los presuntos integrantes de la célula, algunos de ellos menores de edad.

"La dimensión religiosa ha sido muy instrumentalizada (...) con un impacto emocional muy fuerte en la construcción de la identidad del adolescente", dice Vidal.

"Son musulmanes, no conversos. Hace falta un imán, un incubador entre ellos que los convence de que su fe requiere que emprendan acciones", apunta Rodier.

"Podían haberse visto como reconquistadores de España para el mundo musulmán (...) como lo sugiere la carta encontrada en Alcanar", agrega el exfuncionario francés.

Entre los escombros de la vivienda de Alcanar la policía halló un papel manuscrito en árabe que hablaba de "los Soldados del Estado Islámico en la tierra del Ándalus".

Al Andalus es el nombre de los territorios de la península ibérica bajo dominación musulmana hasta 1492.