•   Mashad, Irán  |
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  • EFE

La curativa y bendecida comida del octavo imán chií, Reza, reúne a miles de peregrinos a las puertas del comedor situado en el mausoleo de la ciudad iraní de Mashad, en busca de una ración o al menos una porción de esos milagrosos alimentos.

Llegada la hora del almuerzo, los peregrinos, jóvenes y ancianos, sanos y enfermos, forman fila delante de la amplia sala de la cocina con la esperanza de que ese día les toque probar la comida tan popular entre los visitantes.

Los que sufren problemas de salud o tienen algún enfermo en casa son los más desesperados a la puertas de la conocida "casa de huéspedes" del imán Reza, ubicada en el sudeste del extenso recinto del mausoleo.

Jalil Monabatí, adjunto para los locales sagrados y asuntos de peregrinos de la fundación Astan Quds Razaví, explicó a Efe que los creyentes "cuando vienen a Mashad están muy interesados en aprovechar la comida de imán Reza ya que la toman con la intención y el deseo de sanación y bendición".

"El imán intercede ante Dios para solucionarles el problema", dijo Monabatí, quien sobre lo curativo de la comida agregó que "mucha gente se ha sanado" de graves enfermedades, incluso pacientes desahuciados por los médicos.

Por ello, los peregrinos intentan acceder al comedor y, de no lograr turno, esperan a las puertas con la esperanza de que alguno de los comensales les entregue alguna porción del guiso o incluso el pan.

Y es que no todos los peregrinos tienen la oportunidad de probar la comida del imán pese a que la "casa de huéspedes" es muy amplia, de tres plantas y con capacidad de 1.300 personas en cada uno de los tres turnos.

Según la profesora Parvane, una de las afortunadas, "si viajas a Mashad es porque el imán te da el honor de visitarlo y si, además, te invita a comer ya es que tienes mucha suerte o el imán te quiere mucho".

Otra mujer, la anciana Kamalí, contó a Efe mientras esperaba su ración de comida en la "casa de huéspedes" que cree que estos alimentos van a curarle sus dolores.

"Me vine por la mañana pronto y recé para que me toque probar algo de la comida del imán para que se me cure el dolor que tengo en mis riñones, hígado y garganta, así como la mala vista de ojos", detalló Kamalí.

En la preparación de la comida y el mantenimiento de la sala trabajan 213 personas, la mayoría de las cuales no cobran ningún sueldo sino que ofrecen su trabajo como un servicio al octavo imán chií, el único enterrado en Irán.

Uno de ellos es Mohsen Derajshanfar, encargado de la cocina, quien destacó a Efe que "esta comida es espiritual, no se ingiere con la intención de llenar el estómago". Derajshanfar recordó entre lágrimas varios casos de curaciones:

"Hay gente que ha venido solo para tomar una cuchara de comida con la intención de que se cure el familiar enfermo que tienen en EEUU", señaló. Los gastos de la comida y el mantenimiento de la "casa de huéspedes", al igual que otros sectores del mausoleo, se cubren en gran parte con las donaciones provenientes de los votos realizados por los peregrinos.

Además de en la "casa de huéspedes", el reparto de las 25.000 raciones de comida diarias se lleva también a cabo en las afueras de la ciudad y entre la gente más necesitada.

Respecto a la comida, el responsable de la fundación Astan Quds Razaví subrayó que "tiene un excelente sabor" y se prepara con alimentos de la mayor calidad.

"Todos los ingredientes que usamos son de los mejores y más frescos", afirmó Monatabí, citando el reconocido arroz del norte de Irán, las legumbres y la carne procedente de la ganadería de la propia fundación.

Guisos típicos de cordero o ternera con verduras, pollo con salsa "fesenyun" (elaborada con granada y nueces), son algunos de los platos que se pueden degustar acompañados del imprescindible arroz.

Se trata de comidas que pueden encontrarse en cualquier casa o restaurante pero que en el mausoleo del imán Reza de Mashad tienen para los fieles la capacidad de hacer milagros.

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