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  • AFP

La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, finaliza hoy, en la ciudad de Monterrey, una visita oficial a México, centrada en la seguridad de la caliente frontera común, donde los cárteles de la droga libran una guerra por el trasiego hacia Estados Unidos. Hillary Clinton tomó nota de la principal preocupación del gobierno de México sobre seguridad fronteriza, cuyo 90% del sofisticado armamento que poseen los cárteles de la droga mexicanos proviene de Estados Unidos. El gobierno estadounidense quiere poner fin a la venta de armas de asalto con que se abastecen los cárteles mexicanos de la droga, declaró Clinton en una entrevista anoche.

Clinton admitió que haber dejado expirar una ley que prohibía la venta de estas armas en Estados Unidos había sido "un error". Abogó, a la vez, por una legislación capaz de prohibir "la venta fuera de nuestras fronteras de estas armas", pero admitió que el intento de renovar la prohibición traería una fuerte oposición. En respuesta a un insistente reclamo del gobierno del presidente Felipe Calderón de que Estados Unidos asuma un mayor compromiso en la cooperación por la lucha antidrogas, Clinton ofreció además 80 millones de dólares para financiar la compra de helicópteros Black Hawk para la policía mexicana.

"Estas aeronaves le ayudarán a la policía mexicana a responder con agresividad y con éxito a las amenazas de los cárteles", dijo Clinton, cuyo ministerio renovó en febrero la alerta para viajeros estadounidenses sobre el "incremento reciente" de la violencia en las ciudades fronterizas. No obstante, en una rueda de prensa con su colega Patricia Espinosa, reconoció: "Somos conscientes de que el narcotráfico es un problema compartido".

Máxima seguridad en el norte mexicano
Hillary Clinton visitará hoy una central de policía ubicada en uno de los barrios más peligrosos de la Ciudad de México y luego partirá a Monterrey, en el estado de Nuevo León, fronterizo con Estados Unidos. Militares y policías federales reforzaron la seguridad en Monterrey luego de la reciente captura de un narcotraficante acusado de atentar contra el consulado estadounidense en esa localidad, ubicada unos 350 kilómetros al sur de Nuevo Laredo, Texas. Monterrey, al igual que varias ciudades fronterizas con Estados Unidos, han sido escenario de la guerra entre narcotraficantes mexicanos por las principales plazas del país.

Tan sólo en 2008 esas disputas cada vez más sangrientas dejaron un saldo de más de 5.300 muertos y suman más de 1.100 en el transcurso de este año. Decapitados, mutilados, carbonizados, son algunas de las escenas casi cotidianas que describen el grado de violencia que ha alcanzado el crimen organizado en México, pese a un operativo federal con 36.000 soldados.

El reconocimiento del flujo de armas desde Estados Unidos a México, así como por la demanda de drogas en territorio estadounidense, el mayor mercado consumidor de cocaína del mundo, fue considerado como un "avance de corresponsabilidad" por el gobierno mexicano. "Si bien existen primeros avances en materia de corresponsabilidad entre los dos países en la lucha contra el crimen organizado, debe fortalecerse la cooperación binacional en esta materia", manifestó por su parte Calderón durante una reunión ayer con Clinton.

El 4 de marzo pasado, Calderón envió un duro mensaje al gobierno estadounidense en cuanto al tema de lucha contra las drogas. "El tráfico de drogas en Estados Unidos también obedece a un fenómeno de corrupción de autoridades americanas. Yo quiero saber cuántas autoridades americanas han sido llevadas a juicio por ese tema", expresó Calderón.