•   Caracas, Venezuela  |
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  • AFP

El gobierno de Nicolás Maduro acusó a la primera ministra británica, Theresa May, de apoyar a quienes rechazan la paz en Venezuela, luego de que este jueves recibiera en Londres al jefe del Parlamento de mayoría opositora, Julio Borges.

"Condenamos la parcialidad de la Primera Ministra británica, @theresa_may a favor de quienes rechazan el diálogo y la paz en Venezuela", escribió en Twitter el canciller Jorge Arreaza.

El ministro añadió que la líder conservadora "afecta la credibilidad" de su propio gobierno, al "validar las mentiras de quienes atentan contra la democracia venezolana".

"Lamentamos que la política aislacionista del gobierno británico no sólo lo aleje de los países de la #UE, sino también de Venezuela", aseguró en referencia a la salida de Reino Unido de la Unión Europea.

Arreaza instó además al gobierno británico a "actuar de buena fe, retomando las relaciones cordiales que siempre han existido" entre ambos países.

Londres fue la última parada de Borges en una gira que lo llevó esta semana a París, Berlín y Madrid, donde fue recibido por el presidente francés Emmanuel Macron, la canciller alemana Angela Merkel y el jefe del gobierno español, Mariano Rajoy.

El gobierno de Maduro criticó uno por uno a esos líderes conforme se iba desarrollando el periplo.

Durante la reunión de este jueves, May expresó a Borges su apoyo "incondicional" al Legislativo venezolano, despojado de varias funciones por parte de la Asamblea Constituyente que rige el país con poderes absolutos desde el pasado 4 de agosto.

También manifestó inquietud por los "presos políticos", que la oposición venezolana cifra en unos 590, entre ellos el dirigente Leopoldo López, quien se encuentra bajo arresto domiciliario.

La Constituyente, integrada únicamente por chavistas y que agravó la crisis política, señala a Borges y otros líderes opositores de traición a la patria, un delito castigado con cárcel.

Durante la gira, el parlamentario denunció una emergencia humanitaria en Venezuela, aquejada por una crisis económica que se acentuó con la caída de los precios del petróleo y que Maduro atribuye a una "guerra no convencional" de sus adversarios y Estados Unidos para derrocarlo.