•   Berlín, Alemania  |
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  • EFE

El repaso de las elecciones generales alemanas desde 1949 muestra un fuerte apego a la continuidad, una de las bazas de la canciller, Angela Merkel, de cara a una reelección que las encuestas dan por segura.

"Los alemanes, por lo menos desde la posguerra, son un pueblo que no apuesta por cambios radicales, les gusta lo conocido", explicó el analista político Michael Spreng durante una reunión con la Asociación de la Prensa extranjera.

Spreng, asesor de Edmund Stoiber cuando fue candidato cristianodemócrata contra el canciller socialdemócrata Gerhard Schröder en 2002, recordó el lema que usó Konrad Adenauer en la campaña que le llevó a la reelección en 1957: "Seguridad, no a los experimentos".

Bajo ese eslogan Adenauer obtuvo el mejor resultado de la historia de la Unión Cristianodemócrata (CDU), partido hoy presidido por Merkel.

"Ustedes me conocen", dijo Merkel al lanzarse a su segunda reelección hace cuatro años.

Un dato adicional respalda la tesis de Spreng: sólo una vez en la historia de la República Federal de Alemania ha habido un cambio total en el Gobierno, sin que ninguno de los partidos de la coalición anterior pasara a formar parte de una nueva.

Fue en 1998, cuando la coalición de socialdemócratas y verdes, presidida por Gerhard Schröder, desplazó a la alianza anterior formada por la CDU de Helmut Kohl y el Partido Liberal (FDP).

Una de las declaraciones reiteradas de Schröder en aquella campaña -en la que había "ambiente de cambio" tras los 26 años de la era de Kohl- era que él no pensaba hacerlo todo distinto, sino sólo algunas cosas mejor.

Antes, el socialdemócrata Willy Brandt había llegado a la Cancillería tras haber sido ministro de Exteriores de la gran coalición con Kurt Georg Kiesinger a la cabeza.

Helmut Kohl, por su parte, encabezó el gobierno gracias a un voto de censura que apoyaron los liberales, que eran aliados del socialdemócrata Helmut Schmidt y lo abandonaron.

Merkel siguió esa senda de continuidad y, al ganar sus primeras elecciones generales en 2005 frente a Gerhard Schröder, formó una gran coalición con el Partido Socialdemócrata (SPD), que había gobernado con Los Verdes durante los siete años anteriores.

Muchos analistas consideran que los alemanes temen dar su voto a partidos y personas que no hayan mostrado antes sus dotes de gestión.

Eso explicaría que el SPD no consiguiera llegar a la Cancillería hasta 1969, con Willy Brandt, después de mostrar su capacidad de gobierno como socio menor de una coalición.

Sin embargo, los socialdemócratas no obtuvieron los mismos frutos de su participación en la primera gran coalición presidida por Merkel (2005-2009) y, si se atiende a las encuestas, es bastante improbable que salgan reforzados de su participación en la segunda (2013-2017).

La situación es sin duda distinta a la de 1969, cuando los electores estaban dispuestos a un cambio leve -sacar a un canciller cristianodemócrata y cambiarlo por su ministro de Exteriores socialdemócrata-.

Ahora apuestan por estabilidad y continuidad, en parte por el buen estado de la coyuntura en un país en el que la mayoría considera buena su situación económica.

Por eso, diversos analistas ven un error que el SPD y su candidato, Martin Schulz, hayan centrado su campaña en la justicia social y la igualdad. El mismo error lo cometió hace cuatro años el partido, según reconoció después el que fue su cabeza de lista frente a Merkel, Peer Steinbrück.

"Salimos a explicarle a la gente lo mal que le iba y la mayoría de la gente sentía que le iba bien", dijo Steinbrück al hacer el balance de su campaña.

Merkel, por su parte, defiende su obra de gobierno, se escuda en la buena situación actual y advierte del riesgo de que decisiones políticas equivocadas puedan poner en juego lo alcanzado.

Todo ello sin importar que buena parte de los proyectos aprobados esta legislatura, como la implantación por primera vez en el país de un salario mínimo interprofesional, partieran del programa socialdemócrata, su socio menor.