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Islamabad, Pakistán
El nuevo plan de Estados Unidos para Afganistán, que coloca a Pakistán en el centro de la lucha antiterrorista, plantea inmensos desafíos para esta frágil democracia, a pesar de su buen recibimiento por el presidente Asif Alí Zardari, según varios analistas.

El presidente estadounidense Barack Obama afirmó el viernes que Al Qaida es un “cáncer” que podría destruir a Pakistán, y anunció que la ayuda económica a ese país será triplicada para que pueda luchar mejor contra el terrorismo.

“El gobierno paquistaní tiene un margen de maniobra muy reducido. Tendrá que encontrar el equilibrio entre la ambiciosa agenda de Estados Unidos y el resentimiento que surgirá probablemente de la lucha contra Al Qaida”, destaca Imtiaz Gul, director del Centre for Research and Security Studies.

Varios analistas destacan que Pakistán se encuentra ahora “en el ojo del huracán”, con un joven gobierno civil incapaz de imponer su autoridad ante el extremismo.

“Ese discurso constituye un tremendo desafío para los dirigentes paquistaníes”, comenta el analista político Tariq Fatimi.

“El nivel de violencia aumentará. El terrorismo y la insurrección (de los talibanes) incrementarán su presión”, pronostica el general retirado Talat Masood.

No obstante, el presidente Zardari lo valoró positivamente este sábado ante el Parlamento: “El enfoque de la presidencia estadounidense significa un cambio positivo. Es una respuesta a nuestro llamado a un apoyo social y económico como medio para combatir el extremismo”, declaró.

Pese al despliegue de más de 10,000 soldados junto a la frontera afgana, Pakistán se ha mostrado hasta ahora incapaz de poner fin a una oleada de atentados, atribuidos a los talibanes y Al Qaida, que ha matado a unas 1,700 personas desde julio de 2007.

Entre los motivos aducidos figuran el insuficiente equipamiento del Ejército, las luchas políticas intestinas, que minan una democracia balbuciente y dejan espacio libre a los extremistas, y las dificultades del gobierno para controlar a los poderosos servicios de inteligencia.

El jefe del Estado Mayor estadounidense, el almirante Michael Mullen, aseguró el viernes que ciertos miembros de los servicios de inteligencia paquistaníes apoyan a los talibanes y a militantes de Al Qaida refugiados en las zonas tribales del noroeste del país, en la frontera con Afganistán. “Esa es una de las cosas que deben cambiar”, dijo.

Estados Unidos, que estableció una alianza estratégica con Pakistán tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, espera ahora “de ese país que sea un socio mucho más fuerte, y un mayor compromiso para combatir el terrorismo. Pakistán tendrá que actuar, si no Estados Unidos no le dará ayuda”, añade Talat Masood.

Si bien la ayuda financiera ha sido recibida con alivio, el capítulo militar de la lucha antiterrorista impulsada por Estados Unidos es un asunto muy sensible en Pakistán, donde los ataques de aviones sin piloto en las zonas tribales son muy mal vistos por la opinión pública, debido a la muerte de civiles.

“No hay ninguna señal de que los ataques efectuados por aviones sin piloto vayan a cesar”, observa el analista Hasan Askari.

“El tono del discurso de Obama indica claramente que las fuerzas estadounidenses van a perseguir a Al Qaida esté donde esté, y eso alimentará un resentimiento creciente”. “Van a ampliar el campo de batalla más allá de las zonas tribales”, advierte Imtiaz Gul.