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  • EFE

Casi un mes después del paso devastador del huracán Harvey por Texas (EEUU), la población indocumentada es la que menos alcance tiene a las ayudas públicas para iniciar la reconstrucción de sus casas y regresar a la normalidad.

La casa de dos dormitorios de Mario Álvarez, originario de Jalisco (México) y residente en Houston desde hace 18 años, quedó prácticamente inhabitable, al igual que la mayoría de casas de su vecindario, al norte de la ciudad.

"Hemos tenido que regresar porque no hay dónde ir. Ya nos hemos paseado por iglesias, refugios municipales y hasta el carro de algún buen samaritano que nos ve en esta situación", reconoce Álvarez, un obrero de la construcción que lleva cuatro semanas sin trabajar.

Pero, esperanzado, dice que ya comienza a haber "señales de que todo saldrá bien".

Con la colaboración de sus vecinos, Álvarez ha ubicado una cocina portátil en la entrada de su casa mientras termina de limpiarla y arreglarla todo lo que puede, para desayunar y almorzar en grupo entre los escombros.



Su vecindario fue uno de los que más lluvias recibió durante las "inundaciones históricas" de fines de agosto.

Según la Oficina de la Gobernación de Texas, en esa zona la lluvia originó daños a casi 23.000 casas. En todo Houston se calcula que fueron 80.000 las viviendas afectadas.

El Gobierno estatal informó además de que en los últimos 30 días los residentes de los condados damnificados han recibido más de 1.500 millones de dólares entre asistencia, préstamos de bajo interés y pagos adelantados para los que tenían cobertura bajo seguro de inundación.

"La realidad es otra para nosotros, los indocumentados", lamenta Isaías Rojas, de Michoacán (México), cuya casa a la ladera de un riachuelo quedó "inservible".

Debido a su condición migratoria, no ha podido recibir fondos federales de ayuda. Sin embargo, se las ingenia para dar de comer a su esposa y dos hijos.

"Esperamos a un camión que por ahora está donando platos de comida y nos hemos vestido gracias a las donaciones de las organizaciones caritativas", comenta Rojas, quien ha recibido asesoría de la organización Caridades Católicas, de la Diócesis Galveston-Houston.

Rojas acaba de recibir la aprobación a una solicitud de ayuda de 400 dólares que la Cruz Roja reparte entre los afectados "sin importar" su estado migratorio.

"Pero siempre existe un temor de que utilicen tu información personal", insiste Rojas, quien su mudó hace 20 años a Houston.

Pero según Ana Guerrero, activista con The Metropolitan Organization, una entidad que agrupa a diferentes instituciones y grupos comunitarios en Houston, no hay nada que temer y, por el contrario, es mejor saber cuántos son los indocumentados que necesitan apoyo.

"Otro de los problemas mayores es que esta población la tiene difícil al momento de rentar otro lugar donde vivir por las restricciones y requisitos que imponen a los complejos de departamentos a sus futuros inquilinos", sostiene Guerrero.

De acuerdo a la activista, su entidad negocia mejores términos y facilidades con diferentes empresas propietarias de edificios de viviendas para que sean más flexibles con los hispanos sin papeles, que en muchos casos carecen de fondos para afrontar el último mes y el de fianza.

El paso del ciclón Harvey por el sureste de Texas dejó unas sesenta víctimas mortales y cerca de 32,000 personas buscaron refugio temporal a causa de las inundaciones sin precedentes que se vivieron en el estado sureño, superando las expectativas de la Agencia Federal para la Gestión de Emergencias (FEMA).

Texas es el segundo estado con mayor población hispana y se calcula que es hogar de 1,6 millones de inmigrantes indocumentados, de los cuales se cree que 600.000 están en Houston.