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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció ayer que visitará la próxima semana a Puerto Rico, arrasado por el huracán María, en medio de una controversia por su demora en responder a la creciente crisis humanitaria en ese territorio estadounidense en el Caribe.

Trump se comunicó con el gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, y le prometió “la asistencia continua” del gobierno federal.

El mandatario estadounidense estimó que el envío de ayuda a Puerto Rico, por ser una isla, se hacía más complicado que para Texas y Florida. Un poco antes, había aumentado los fondos federales destinados a las labores de socorro y reconstrucción.

“También somos estadounidenses” 

El salsero boricua Marc Anthony le pidió a Trump en un tuit, con palabra grosera incluida, que deje de hablar de la Liga Nacional de Futbol Americano (NFL) y “haga algo” en el “necesitado Puerto Rico”, en referencia a la polémica reciente del presidente y los jugadores de football americano.

La agencia federal de gestión de emergencias FEMA rechazó las críticas y dijo que hay más de 10,000 funcionarios en Puerto Rico y las vecinas Islas Vírgenes estadounidenses. La portavoz de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, también desestimó los cuestionamientos.

Pero en Puerto Rico, las vías siguen bloqueadas, hay muchas casas sin techo, el agua corriente apenas si está regresando. Y un calor insoportable echa a perder la comida, volviendo imprescindibles las barras de hielo, que tampoco duran mucho.

De acuerdo a las autoridades; 11,437 personas se encontraban todavía en refugios, 42% de la población no tiene acceso a agua potable y solo 21 de 69 hospitales están abiertos.