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El presidente catalán, Carles Puigdemont, preparaba este domingo su respuesta al gran dilema: proclamar abiertamente la independencia el lunes y empujar al Estado español a suspender la autonomía de Cataluña, o retroceder y encolerizar a los secesionistas.

El mandatario independentista tenía hasta hoy a las 10:00 de la mañana, hora de Europa, para decirle al Gobierno central de Mariano Rajoy si declaró o no la independencia de Cataluña en una sesión celebrada el pasado martes en el Parlamento regional. 

Si contestaba afirmativamente, Rajoy respondería aplicando el artículo 155 de la Constitución. Una medida drástica y de consecuencias imprevisibles, que le permitirá intervenir las amplias competencias del gobierno catalán, como la sanidad, la educación o la policía regional.

Puigdemont no quiso desvelar aún su respuesta, al participar este domingo en un homenaje a Lluís Companys, presidente catalán que en 1934 proclamó una independencia que duró diez horas. Seis años más tarde, un 15 de octubre, fue fusilado en Barcelona por la dictadura franquista (1939-1975).

Independentismo organizado

Por su parte, los Comités de Defensa del Referéndum llevan movilizados desde principios de septiembre, y son las hormigas obreras del secesionismo. Con una organización reticular, los “Comités de Defensa del Referéndum” (CDR) tienen todo listo para tomar las calles en los próximos días y luchar por la República catalana.

Según cuentan varios participantes, surgieron con un objetivo muy claro: garantizar la celebración del referéndum de autodeterminación del 1 de octubre, a pesar de la prohibición de la justicia española, por inconstitucional, y las órdenes dadas a la policía para que impidiera la votación.

Actualmente los comités están extendidos por toda Cataluña, y para llegar a la independencia están dispuestos a presionar tanto al gobierno español de Mariano Rajoy como al ejecutivo separatista catalán de Carles Puigdemont.

“Hay un referéndum legítimo, con un resultado que hay que defender”, asegura Gerard Muñoz, participante de uno de estos comités.

Presión a ambas partes

“Nosotros vamos a tope. Y creemos que esto puede darle miedo incluso al gobierno catalán”, abunda Julia Coll, participante del comité creado en el céntrico distrito barcelonés de Dreta de l’Eixample.

La presión es cada vez mayor sobre Puigdemont, que el lunes debe responder al gobierno de Rajoy si declaró o no la independencia en una sesión celebrada el pasado martes en el Parlamento catalán.

Si contesta afirmativamente, Rajoy podría responder con el artículo 155 de la Constitución, que le permitiría intervenir las amplias competencias del gobierno catalán, como la sanidad, la educación o la policía regional.

Y si responde que no, afrontará previsiblemente la respuesta airada de los independentistas, dispuestos a tomar las calles la semana entrante.

La CUP, un partido anticapitalista cuyo apoyo parlamentario es fundamental para la coalición de Puigdemont, ha anunciado ya que trabajará de cara a esas movilizaciones.

También ha avisado de posibles movilizaciones, a nivel estudiantil, la Plataforma de Universidades por la República.